miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cultura en futuro


Abdessatar Jmei, Caligrafía (2006)
inspirada en el Generalife de Granada
Muestro esta preciosa caligrafía no sólo por sus cualidades artísticas, sino porque ha sido el origen de una reflexión que quisiera compartir. Tentado he estado de escribir sobre el arte de la caligrafía, pero algo había en ella que impedía un tratamiento frío y distanciado del tema. Su autor, un artista tunecino naturalizado francés, se presenta como calígrafo y pintor. Sólo esto ya representa una ruptura respecto a una tradición estricta y poco complaciente con las representaciones en la que algo habrá tenido que ver probablemente su contacto con las artes plásticas europeas. El otro de los aspectos que me llamaron la atención es que el motivo inspirador había sido el Generalife granadino y sus jardines.

Quizá no sea tan extraño que el despuntar de esa nueva cultura europea que sigue la tradición islámica, y que empieza a hacerse notar en diversos países, pase prácticamente desapercibido en Andalucía. La admiración, cercana a la fascinación, que por el viejo mundo andalusí se profesa entre los musulmanes europeos despierta en Andalucía toda clase de sospechas. Todos sabemos que la reversión de la historia, y la subsiguiente recreación de un pasado mítico, es un ejercicio intelectualmente estéril, aunque políticamente muy rentable. Aun así, cualquier viajero de paso por de Andalucía suele quedar asombrado cuando ve que los monumentos granadinos, argumentos culturales nada míticos sino arquitectónicos, se muestran al visitante entre innumerables signos de desdén y beligerancia hacia sus autores y constructores. Al visitarlos se acaba con la impresión, quizá como en ningún otro sitio, de que el estrangulamiento del mundo en que cobraron vida esos lugares, unido a su explotación turística, los ha convertido en un parque temático orientalizante y grotesco. Nadie en la ciudad de los conversos parece considerarse heredero de esa cultura, salvo para recoger las pingües rentas que esta versión exótica de conjunto ofrece. Y evidentemente no hablo de todo ese desdén para lamentar el abandono de los ritos y costumbres musulmanas, sino para denunciar la ignorancia interesada de que existieron en esa ciudad como cultura viva en otro tiempo. No sé si es timidez o vergüenza el sentimiento que urge superar para presentar la tradición árabe como un importante legado de la cultura andaluza. Hemos visto apelar a Séneca y a Trajano con un orgullo que desaparece al citar a cualquiera de los Abd al Rahman.

Desde luego es complicado hablar de culturas, mucho más llevarlas a concertación y seguramente es inútil pretender dirigir su evolución. Pero esto no debe hacernos olvidar que existe una realidad demográfica incontestable: un sector de la población actual está alineado con esa tradición islámica, que empieza en algo aparentemente tan neutro como la lengua, y ve en esas obras el escenario de un pasado glorioso. Un pasado que interpretan desde la afirmación personal y que a falta de mejor postor sentimental hacen suyo. Sabiendo que el estado no es en este punto neutro, puede acabar siendo dramático y absurdo que el fomento de esta conciencia cultural se haga desde fundaciones religiosas animadas por un espíritu de reclusión musulmana. No estoy seguro de que la carencia de contacto histórico con culturas islámicas o la aconfesionalidad constitucional, propias de países como Holanda o incluso Francia, favorezcan la aparición de una tradición cultural ajena a mitos y creencias, y capaz de reforzar la diversidad europea. Creo más bien que de llegar a darse una beligerancia abierta podrían esos movimientos convertirse en cabezas de playa de una versión más apostólica y menos permeable de esa cultura, que se traducirá en enquistamientos religiosos y, lo que es peor, en viejos problemas.


1 comentario:

Albórbola dijo...

Joan Vernet, Lo que Europa debe al islam de España, Ed. El Acantilado. Ese libro debería ser estudiado cuando se cuenta la historia y la evolución social y cultural. Y gracias a quién (Ziryab) se empezó a comer con manteles en la Península primero y luego en toda Europa. Y muchas otras cosas. Los rituales de la matanza del cerdo,por ejemplo, parecen ser una copia en cristiano de la muy islámica Fiesta del Cordero. Pero lo de las raíces cristinaas de Europa parece que hay que demostrarlo y mostrarlo como sea.