domingo, 19 de septiembre de 2010

Encomio de Labordeta



En un lugar donde muchos han conseguido hacerse un oficio afilando la navaja, donde los sueños nunca acaban de despegarse de la gomina, donde se bendice el aire con labia burda y salpicante, pues bien, en ese afamado corral de la logomaquia tenían por palurdo y bronco a quien tuvo a bien presentarse tal y como era. Pasan estas cosas en las cortes milagreras y también pasa que asomar en ese foro con impecables modales de aldeano viejo, lejos de imponer, mueve a chufla, celebrándose entre codazos como si fuera un membrillo revenido en alforjas tocineras y con revuelo de moscas. Que un diputado llegue ceñido con ancho refajo y guarde en él leyes y enmiendas ofende muy hondo a quienes lucen fajín de seda. Como, además de tosco, este espécimen libertario se jactaba de cargar desde la izquierda, nunca hubo indulgente silencio sino acoso, provocación y recochineo. Y hubo réplica, y no podía ser fina ni diplomática, mucho menos huera, tenía que ser transparente y sobre todo directa. A alguno le pareció contundente, pero, claro, había que parar a tanta acémila. Fue todo soltar un «soooo» jupiterino y al punto quedó confusa la caballería, aunque algo mohína y espesa. Hoy el hombre que contagiaba su humanidad hasta a estas tenaces bestias se nos ha ido. En ese corral seguro que echarán en falta su ánimo y buen temple, y aquella mano maestra con que hacía cacarear a tribunos tan redomados como si fueran gallicos de pega.

* Caricatura tomada del blog entredossiglos.blogspot.com.

1 comentario:

Albórbola dijo...

¡Qué hermoso recuerdo de un hombre bueno, honrado, culto e inteligente, muchos más de las cuatro cosas que la mayoría de los que intentaban burlarse de él.