viernes, 17 de septiembre de 2010

Kal Nidré


Palabra inicial de Kol Nidrei
de un Mahzor o libro de oraciones (s. XIV)
Oxford, Bodelian Library
Cuando la culpa se asume de forma colectiva y se encauza a través de un acto de expiación general y multitudinario todo resulta más fácil que cuando se hace de manera individual, aunque tal vez resulte más incomprensible. Atraídos socialmente al rito, son muchos los que se ven involucrados en ese acto de rendición de cuentas sin llegar a reconocer su cuota en un daño poco visible. Unos aceptan la situación de buen grado, como un gesto de renovada fidelidad hacia Aquel al que sus ancestros faltaron, otros la toman como seña de identidad y pertenencia a un pueblo fundado en costumbres milenarias estrictas. Estas fórmulas rituales, al situar sus efectos entre ese cargo de conciencia y la renovación de una identidad finalmente política, han servido para abusar con naturalidad de la conciencia social y buena fe del individuo y para mantener ardiente el crisol religioso en el que se funden las conciencias individuales.

Mañana es Yom Kippur, una de estas festividades. El pueblo elegido, el único que invoca sin mediadores el favor divino, necesita anualmente reconstituirse como una unidad, y para ello necesita purificarse, y para ello necesita declararse culpable. Hoy mismo, antes de que ese momento llegue, con el último rayo de luz, su comunidad, el pueblo de Israel, se reunirá para entonar el Kal Nidré, esa extraña oración con la que se implora a Yahvé para que todos los votos (kal nidré) traicionados en el año les sean abrogados. Se abre la celebración, pues, haciendo a Dios juez de aquellos juramentos en los que se le invocó como a un falso testigo. Un modo sin duda solemne de humillarse, si bien un poco equívoco para quienes los vieron jurar en su día y para quienes ajenos a su fe les aceptaron la palabra.

Como otros piyutim, o poemas litúrgicos, su forma varía según la tradición en que se insertan. En la askenazi la versión es en arameo, mientras que en la sefardí es en hebreo. La melodía dirigida por el hazan también es distinta en ambos casos. La askenazi es la más conocida, ha quedado además canonizada con unas variaciones para cello y orquesta de Max Bruch. La de la tradición sefardí tiene un aire más primitivo y resulta más próxima al estilo mediterráneo. En ella se conserva el diálogo entre el cantor y el coro, tan característico de la música monacal, y en general del canto gregoriano. Como quiera que la de Bruch es fácilmente localizable, propongo una interpretación de la versión sefardí llena de sencillez y recogida en las sinagogas marroquíes.



Versión sefardí de Kal Nidré, Eyal Bitton.
http://www.youtube.com/watch?v=0SjVRAIDbz4


1 comentario:

Albórbola dijo...

La música es hermosísima. Gracias (te la he copiado.