viernes, 8 de abril de 2011

Una tontería


El punto fuerte de las máquinas computadoras, el que lleva camino de conferirles auténtico poder es su mimetización del comportamiento humano. Que por el momento esa imitación no se produzca por propia iniciativa es tranquilizador, aunque sin duda es posible, y temible, que pronto aprendan a imitar el muy humano arte de la imitación. En inteligencia artificial algunos de los programas que gobiernan los aparatos se basan en rapidísimos recorridos algorítmicos por complejos árboles de posibilidades efectivas, pero no creo que sea por ahí por donde nos van a pillar. Lo que está bajo lupa es nuestro lenguaje, con su inagotable y flexible repertorio de palabras, giros y trucos. En realidad, donde hoy se mide la inteligencia de las máquinas es en la sintonía que mantengan con él.

Ahí cabe siempre la sorpresa. Si podemos sorprender al humano que tenemos al lado, ¿porqué no vamos a poder sorprender a quienquiera que se encuentra al otro lado del tabique?. En esto se basa el conocido Test de Turing. El autor del interesante The Most Human Human, Brian Christian, que participó en una competición montada sobre este Test, cuenta en la obra detalles de la dificultad existente para discriminar efectiva y correctamente entre humanos y máquinas. Cuenta, por ejemplo, que en cierta ocasión, tan convencido estaba uno de los jueces de estar en contacto con un humano, que no dudó en quedar al final para tomarse unas cañas con él, en una salida sin duda algo tonta. Para su sorpresa, al otro lado del tabique su interlocutor se bloqueó y comenzó a soltar lastre algorítmico y retazos lingüísticos en crudo; en resumen, una confusa réplica de incoherentes tonterías. Visto este caso, entiendo que habría que cultivar ese terreno y desafiarles al juego de la tontería. Tenemos aún grandes posibilidades a la hora de hacernos el tonto, o si se prefiere de simular y modular nuestra ignorancia. Sabemos de gente que tiene dotes innatas en este campo y pienso que reuniendo a los mejores no tardaríamos en distanciarnos de las máquinas con sus inteligentes monotonías.

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