jueves, 30 de junio de 2011

Destino, mis caminos


Nadie apuesta por un destino confuso, para eso es mejor jugar a perderse por los  caminos.

miércoles, 29 de junio de 2011

¿Realmente existe nuestro personaje?


Cartel de Valentina Nesci
En el escenario, la cuestión para Hamlet es ser o no ser, pero al salir de él la cuestión se vuelve reproducir si nos planteamos hasta qué punto el propio Hamlet es. Aquí vamos a progresar desde esa dicotomía existencial hasta la paradoja. Y digo progresar, porque en las paradojas siempre encontramos una piedra de toque para nuevas teorías. Para el espectador de teatro la oposición básica es la que existe entre realidad y ficción, como dominios de lo verdadero y de lo falso. Esto sería lo básico, y a partir de ahí habrá que preguntarse si el personaje Hamlet realmente existe o no. De afirmarlo será sobreentendiendo que ese personaje no es el príncipe de Dinamarca sino un personaje basado en él. La idea de personaje queda generalmente muy debilitada frente a la realidad, así que deberíamos ser más explícitos. Siguiendo a James Cargile en su Paradoxes (1979), decir «Realmente hay héroes de ficción» suena a cierto, pero si decimos «Los héroes de ficción realmente existen» la cosa suena falsa. El juego veritativo cambia con la virtualidad del adverbio realmente y depende de lo que éste apoye. Si resalta la cuantificación, dando a entender que existe algo que denominamos héroes de ficción, el propio Hamlet justificaría esa existencia y el enunciado resultaría verdadero. Si, por el contrario, el realmente subraya la predicación de existencia a fuerza de insistir en que realmente existen cosas cuya ficción se reconoce, los propios términos hacen falso el enunciado. Podríamos estirar un poco el asunto e integrar ambos enfoques volviendo al teatro con un enunciado digno de estudio: «Realmente existen obras tales que su única propiedad es que no existen realmente». Llegados a esta paradoja, lo interesante es que su validez respondería la cuestión inicial, porque en obras como esas tendríamos sin duda asegurado un papel.

El triunfo ratonero




Los debates al uso en los medios no dan mucho de sí, pero permiten al menos descubrir los tópicos y prejuicios con los que se aborda la mayoría de los temas por quienes seguramente deberían de declararse legos. Un ejecutivo del sector educativo, declarado experto por una agencia de innovación social, daba en la radio su clave con tono pontifical, como una alocución urbi et orbi. Entre toda esa jerga con la que se empastan las soluciones modernas --con las insustituibles nuevas tecnologías así como mucha creatividad, focalización, liderazgo, espíritu de equipo-- me sorprendió oír como en una ráfaga algo más coloquial y un tanto desconcertante. El hombre estaba perorando sobre la desigual suerte de sus compañeros de escuela, sobre la paradoja de que algunos de los más brillantes hubieran desaparecido mientras los «segundones», entre los que se contaba, lograban «triunfar en la vida». Si digo que ese inciso llegó en una discusión sobre «herramientas» de medida de niveles de competencia adquiridos, y en medio de mucha palabrería, se comprenderá mejor el desencaje. Una nueva ráfaga en la que habló de «aprovechar las oportunidades» confirmó la prevalencia de ese pensamiento de fondo tan clásico en su disfraz novedoso. Hecha casi en primera persona, esa declaración colocaba su reconocido oportunismo por delante de todas esas competencias llamadas a medir la excelencia académica, las que él mismo reclamaba ahora con fervor al sistema educativo. Todo este contexto resulta un poco desmesurado, porque esos vaniloquios del experto educativo podrían haberse resumido mejor de haber explicado el sujeto en qué términos medía él su triunfo en la vida.


martes, 28 de junio de 2011

El ámbar memorioso



Lo que tienen de fascinante esos amuletos de ámbar en los que un insecto ha quedado atrapado por el tiempo, es que a través de esa resina dura y mineralizada contemplamos un vestigio de ánima, una imagen de la vida suspendida. Con la mirada fija en el amuleto, aunque parezca complicado, podemos intentar darle a nuestra sensación la vuelta. Es difícil que alguien se imagine envuelto en ámbar contemplando un mundo de color sepia y progresivamente envejecido. Sería como la agonía perpetua. Y sin embargo, ya a comienzos del XVIII Federico I de Prusia quiso acercarse a esa experiencia.

Si algún día aparecieran las vientisiete cajas en las que las autoridades nazis depositaron el mobiliario, la decoración y el revestimiento completo de la famosa Sala de Ámbar, que antes fue de Federico y que acabó en el palacio de la zarina Catalina, podríamos quizá hacernos idea de la sensación que tenía el visitante al verse rodeado de ámbar. Probablemente reyes y zares experimentaban a su paso por la estancia el cegador reflejo de su poderoso brillo. Los demás, pasado un rato allí a solas, nos identificaríamos probablemente más con el insecto.

La sala se ha vuelto a reconstruir. Seis toneladas de ámbar, una cuestión de prestigio para la nueva Rusia. Es difícil saber si la nueva mantiene las fascinantes propiedades de la sala original o han montado otra cámara de feria turística. Que no puedan ser comparadas alimenta el convencimiento de que las cajas no desaparecieron en los sótanos del bombardeado castillo de Königsberg. Muchos confían en que el tesoro saliera de allí y aún siga en algún lugar, escondido bajo tierra. Si así fuera, puede que un día alguien dé con él, casualmente, como el que escarba y se prenda del meloso brillo de la piedra. La mirará entonces fascinado mientras desde el interior de la cámara de ámbar le contempla la viva y aprisionada imagen de su último visitante. Como lo de sus genes es cosa ya sabida, a este superviviente de antaño le pedirá que le cuente qué sensaciones le dejaron atrapado en el ámbar:

Toda la decoración de la Sala de Ámbar te dejaba una cálida y acogedora sensación, tanto con luz natural como con artificial. A lo que más recordaba la sala era a una de mármol, pero sin la fría impresión del mármol. La sala era más preciosa aún que la más maravillosa entre las de madera. Cuando la luz del día brillaba a través de los amplios ventanales, sustituía a cientos de velas y creaba millares de reflejos en los espejos. Esta relación entre luz y ámbar le daba a la sala en el palacio Catherina su especial apariencia. Esa luz hacía que las paredes de ámbar multicolor brillaran más bellas que el oro y crearan en el visitante una profunda impresión final imposible de olvidar.
(http://www.amberroom.org).


lunes, 27 de junio de 2011

Bach y el duende saltarín


Antes de que se rompiera todo vínculo entre la actual música popular y la que recoge la historia (a la que por dejadez llamamos clásica), hubo intentos más o menos afortunados de interpretar con nuevo estilo antiguas melodías. En general, casi todos los resultados pueden ser catalogados como «variaciones sobre un tema», aunque las variaciones fueran casi siempre mucho más allá del tema. Salvando el caso de las bandas sonoras de películas, ni los instrumentos ni las formaciones recordaban lo prescrito en su día por el autor.



El ejemplo que propongo fue verdaderamente popular y es relativamente fiel al tema original. Aunque estaba originalmente señalado para laúd, forma parte del repertorio de guitarristas y clavecinistas. En esta ocasión es interpretado por Jethro Tull, una banda o cuarteto de rock en que la guitarra solista o melódica ha sido sustituida por la flauta travesera, manteniéndose el bajo, la batería y la guitarra rítmica. Discutir si estas formaciones concuerdan o no con el cuarteto histórico, es tan absurdo como discutir si la batería y el contrabajo siguen la tradición del bajo continuo al convertirlo en discontinuo.

Por muy irreverente que resulte a muchos esta interpretación de Bach, hay algo que con ella se recupera. Me refiero al espíritu de la danza, en este caso una bourrée, que el propio Bach y con él sus más fieles seguidores prácticamente secuestran. El inicio es aquí bastante menos cauteloso que en el laúd, el marcado ritmo impuesto por el bajo sirve de guía a la flauta que va fraseando la melodía. Con la entrada de la batería comienza la primera descarga: una serie de variaciones sincopadas a cargo de una flauta que parece haber sido liberada. Se aviva el ritmo en la batería para que la la flauta cabalgue en una especie de esgrima sonora. Finalmente la danza, con el solitario punteo del bajo, alcanza un punto de sosiego desde el que se vuelve a la calma y a la versión primera del tema.




Bouree, versión libre de la bourrée de la Suite en Mi menor para laúd, J.S. Bach,
Jethro Tull. Album: Stand up (1969).


domingo, 26 de junio de 2011

Felices entendederas


Hablar de ciencia es algo al alcance de cualquiera, al fin y al cabo entenderla es sólo cuestión de tiempo. Unos llegan antes, otros después. A muchos les tienta estar en el secreto y renuncian a la espera. Y lo cuentan como un divertido cuento, para que nadie les diga que no la entienden. El resultado es peor, nunca llegan a entender que no la entienden. Todo eso al principio, porque luego se niegan a saber si la entienden, mientras parlotean sobre ella sin tregua.

sábado, 25 de junio de 2011

Un año después


Hace un año aproximadamente se reunían en el corazón de África, en la ciudad chadiana de N'Djaména los mandatarios de los once países que de costa a costa administran las tierras desérticas del Sahara y las semiáridas de su frontera sur, el Sahel. La reunión pretendía dar impulso operativo a un proyecto de larga gestación y de tremenda importancia para África, la Gran Muralla Verde. Probablemente se trata de la iniciativa de intervención ecológica más ambiciosa de las que se hayan puesto en marcha, en África y en el mundo.

Se trata de acondicionar un corredor vegetal que discurra desde Senegal en el Atlántico a Djibouti en el mar Rojo, con un longitud de unos 7.700 Km y una superficie de unos 12 millones de hectáreas. Se espera que, una vez consolidada, esta franja natural de unos 15 Km de anchura actúe como una frontera resistente al avance del desierto. La zona debería albergar especies vegetales y animales bien adaptadas a la sequedad ambiental, pero también de interés económico.

Con ese fin se irán creando nuevas plantaciones de bosques de especies autóctonas para apoyar y mejorar la vegetación ya existente. Se pretende igualmente crear zonas de pastoreo, parques y reservas naturales, así como corredores de intercomunicación para la población. En esta columna vertebral se integrará una red para la retención de aguas y áreas de producción frutícola. En la gestión se intentará involucrar a las poblaciones locales, a productores privados y a las administraciones forestales.

Aunque es pronto para hacer balance, parece que tras el primer año los resultados son esperanzadores y los primeros objetivos se van cumpliendo. La memoria del proyecto alerta en su último punto sobre los riesgos que se ciernen sobre él, y los admite de tres órdenes distintos: la ausencia de voluntad de los países, la insuficiencia de la financiación y la situación de inestabilidad política o de seguridad.

Para más información: http://www.grandemurailleverte.org


Mínima 45


Escondí los dados y lancé mis ojos a buscar suerte.

viernes, 24 de junio de 2011

Furia infernal


En cuanto nos hablan de animales fantásticos, acuden de inmediato a nuestra imaginación criaturas de formas híbridas y extrañas, de propiedades y rasgos imposibles, procedentes de geografías remotas o de orígenes fabulosos. Realmente no les ha faltado literatura, en un principio basada en mitos o cuentos populares, posteriormente presentada con un tratamiento más riguroso y científico. En este sentido la frontera determinante se fue cruzando con el progresivo registro de los seres vivos en el sistema taxonómico introducido en el siglo XVIII por Carl Linnaeus. Podría decirse que un espécimen cualquiera comienza a tener existencia científica cuando queda clasificado con arreglo a los criterios de su sistema.

Ahora bien, ni los seres fantásticos responden siempre al patrón anterior ni Linneo ideó un sistema infalible. Constan en él especies de las que ya no quedan ejemplares y también otras que probablemente nunca los tuvieron. A una de estas últimas puso nombre el propio Linneo y dedicó más tarde una nota científica su discípulo Daniel Solander. En el origen del caso está un hecho que bien pudo encauzar su vocación de naturalista. Contaba entonces Linneo con 21 años y vivía en Lund instalado como huésped en casa del Dr. Stobaeus. Alternaba sus clases de medicina en la universidad con frecuentes incursiones en los alrededores de la ciudad de donde iba cogiendo para su estudio todo tipo de plantas y minerales.

Como en tantas otras ocasiones, una tarde de mayo de 1728 esa tarea le llevó a la cercana colina de Fagelsang. El calor animaba a aligerarse de ropa, así que, junto a sus cuadernos e instrumentos, dejó la chaqueta y el chaleco para adentrarse por unos taludes repletos de toda clase de hierbas. Estaba examinándolas cuando sintió una picadura en el brazo derecho. Sin reparar demasiado en ello continuó, pero al rato vio con sorpresa que tenía una enorme inflamación. De vuelta a casa, el doctor Stobaeus advirtió inmediatamente la gravedad de la situación e hizo llamar a un cirujano. Necesitó una profunda incisión del codo a la axila, pero no se llegó a localizar el punto de la picadura ni a conocer el origen de la hinchazón.

Confirmando las habladurías que corrían por aquel lugar, Linneo supuso que el causante de todo había sido un pequeño gusano. No debía de ser fácilmente visible, de tamaño no mayor que el de un cabello, de tono gris y redondeado en sus extremos. Según las mismas fuentes, procedía de los árboles, desde donde se dejaba caer sobre los animales a los que infligía ese venenoso aguijonazo por el que lo conocían los ganaderos. Linneo bautizó la especie con el expresivo nombre de Furia infernalis y la incluyó en las sucesivas ediciones de su enciclopédico Systema Naturae publicadas a partir de 1735. A falta de especímenes que refrendaran su inclusión, la descripción del gusano, extendido por el norte de Suecia y países bálticos, parecía fruto de ese medio natural y de los efectos que se le atribuían.

A finales del XVIII, tras persistentes búsquedas, eran ya muchos los que estimaban como hoy que esa Furia infernalis realmente nunca existió y que era uno más de los animales fantásticos. Su reiterada inclusión en el Systema debe entenderse como una licencia personal de su autor, como una especie de condena nominal en la que Linneo tacha de infernal al desconocido insecto que puso en peligro su vida cuando aquella tarde de mayo le picó.

Entrada en el Systema Naturae (Tom. I, 10ª ed. 1758)
Dice la nota anterior: «Habita en Botnia, en los pantanos de Suecia septentrional. El peor de todos, cae del cielo a los cuerpos de los animales, en ese momento penetra rápidamente y en un cuarto de hora los mata en medio de atroces dolores».


jueves, 23 de junio de 2011

Mínima 44


Lo que vamos dejando atrás no mide nuestro progreso; en cuanto pierde sentido, confirma nuestra ceguera.

miércoles, 22 de junio de 2011

Imagine



Imagina que te proponen llevar a cabo en tu casa una serie de progresivas mejoras en los sistemas de conducción, ya sean cañerías o cableados, de calefacción o de refrigeración, así como en el resto de las tuberías. Tu únicamente tienes que dejar entrar a los operarios y permitir la ampliación del sistema, que pasa a ser completamente integral y sujeto a un organismo único de control con el fin de obtener un servicio más directo, seguro y global, al que además se incorpora la posibilidad de lograr por un precio muy ventajoso acceso prioritario a dos nuevas redes instrumentales muy potentes.

La primera de ellas te ofrece, con carácter exclusivo, un abanico de dos mil canales de televisión y streaming en general con diversas temáticas que van del fútbol de goles a la actualidad social pasando por primicias musicales gratuitas, ofertas comerciales y otras propuestas aún más lúbricas y tentadoras. Para convertirte en usuario de este servicio de vanguardia se te hará llegar, bajo la fórmula de renting indoor, todos los adminículos y sintonizadores necesarios para obtener el grado A, es decir full operativity. Por razones de incompatibilidad, es posible que suponga el recambio de alguno o de todos los componentes de tu actual utillaje doméstico, bien sea manual, eléctrico o electrónico. A cambio te beneficiarás de la conexión gratuita e ilimitada al monitor centralizado de averías, que ante cualquier eventualidad te pondrá de manera instantánea y automática en lista de espera.

La segunda red tiene un carácter suplementario y se apoyaría en un novedoso y muy flexible sistema de canalización neumática que regularía en la casa, mediante un sencillo conmutador y por la misma vía, todo lo relativo al abastecimiento y a la evacuación. A través de él, con el fin de mantener debidamente atendida la clientela de la red teledoméstica, se ofrece como servicio Premium un sistema periódico de catering general, siempre a la carta y con un amplísimo menú en el que se incluyen desde las recetas de mayor éxito de ventas en las urbes más cosmopolitas a los clásicos platos de nuestras cocinas regionales. El mejor modo de redondear este cómodo régimen es inscribirse en el servicio de asistencia médica in situ, que permite registrar a pie de sofá y enviar telemáticamente a la central tus constantes vitales. Aunque existen ciertas restricciones en el caso de hospitalización, para cuya cobertura se hace necesaria una ampliación de contrato, de ser los registros desfavorables se procede como norma general a la inclusión gratuita de tu nombre en las listas de espera.


martes, 21 de junio de 2011

Verano crítico


Principio y fin, Luciano Benites (2004)
Llega hoy el verano y la estación trae a marchas forzadas un desenlace. No tiene pinta de que sea bueno, más probable es que tengamos que aguantar una funesta pedrea. Esta noche, cuando miremos al firmamento y recordemos a los viejos mitos en su encrucijada, sentiremos bajo su impulso renacer el nuevo ciclo, al tiempo que se nos impone un sublime sacrificio. Componiendo sueños, veremos al poderoso Hércules descuartizado y a Hera recluida de nuevo en su tenebrosa cueva. No sabría explicar todo esto, ni conjugarlo con esa sensación real que se nos viene encima, con esa alargada perspectiva de umbrales que se estrechan. Si de los mitos pasamos a las crónicas, nos vemos entrando en el tercer año de un amargo y crítico recorrido. Mejor sería no aceptarlo como el último acto de un lastimoso drama colectivo, sino como el camino de vuelta a nosotros mismos. De nada nos sirve creer que a falta de apoyo y estímulos estamos huérfanos, o que sobrevivimos a un mundo ya perdido. Frente a esa atonía, un día como el de hoy es el momento oportuno para despertar. Con ese crujido de luces anunciando el empuje vital, podemos aprender a vivir de nuevo, a vivir de los gestos más sencillos, con las verdades más cercanas y recurrentes. Vengan como vengan dadas, no debería ser difícil de lograr. Basta salir a campo abierto y seguirle el rastro a la vida, para entender que a ese fin que amenaza, le acompaña siempre un principio.

lunes, 20 de junio de 2011

Rectificar en marcha


Mucho se cuenta de aquel que iba para metafísico y que, tras alcanzar su meta en las alturas, se vio tan corto de físico que siguiendo el natural dictado cambió de enfoque a su carrera, regresó muy dinámico cabeza abajo y del gran impacto de su física dieron sus huesos la mejor prueba.

domingo, 19 de junio de 2011

De pan traer


Trigales de la Cendea de Galar © autor
Aunque no sea mío, de vez en cuando hay que salir al campo para ver cómo marcha el trigo. Esta mañana, subiendo hacia Erreniega, me he paseado por los trigales de las laderas de Galar. Las lluvias de la semana pasada creo que le han hecho al trigo mucho bien. Ese último remojón, cuando ya casi está a punto, suele dejarlo listo para empezar a cosechar. De hecho, en un corro pequeño, cerca de Arlegi y a pesar de ser domingo, ya se habían puesto a la faena. Por aquí los campos miran al norte, distribuidos por las laderas de la sierra, allí donde las pendientes se amansan. Son zonas relativamente húmedas y bien ventiladas, lo que ayuda seguramente a que en ellas crezcan unos trigales altos y densos.  Lo que de ahí salga supongo que variará según el año, pero lo que traen para éste, si no se malogra lo visto, son espigas bien granadas y prietas. Antesmás hubiera cerrado diciendo «por lo menos este año no pasaremos hambre», pero por estos pagos eso ya suena a risa, salvo al dueño de esas mieses, porque prácticamente nadie mira por el campo.

sábado, 18 de junio de 2011

Bonita promoción


Mujer purépecha, Clifford V. Johnson (2010)
Culmina la campaña mediática de esa solemne tontería, que bajo el título de Día del español ha ideado el Instituto Cervantes, con la elección de la «palabra más bonita del español». Abundaba entre las candidatas el espíritu doctrinal, el toque melifluo y los tonos pastel, pero en estos casos siempre es posible la sorpresa. Visto el resultado, se pudo haber elegido con mejor criterio algo como tonting (en el sentido de tonteo), una voz de fulgurante y prometedor futuro. Pero llevados los votantes por ese viejo instinto avasallador y colonial, que hace tabla rasa en su imperio lingüístico, se escogió la voz querétaro.

Mal vamos si para dignificar una lengua, el castellano en este caso, hay que ir sentando reales en las ajenas. De esta lengua en que escribo es conocido su escaso respeto por las restantes. Dos ejemplos, para no abundar: uno, hasta hace cuatro días todavía se traducían los nombres propios de otras lenguas (Guillermo Shakespeare); otro, es la única lengua que acepta las voces de su latín matriz tras someterlas a una vergonzante acentuación (álbum). Con lo de querétaro, basta tirar de Wikipedia para comprobar que es nombre propio vinculado a Santiago de Querétaro y proveniente del topónimo k'erhiretarhu, que en lengua purépecha podría significar lugar del gran pueblo o de la roca.

Es un poco humillante, casi insultante, que el proponente de la palabra, un actor mexicano, pase por alto este dato, así como la lengua y el pueblo que aún la utiliza, y absurdo que resalte en la palabra su cercanía a querer, envolviéndola así en aromas a poesía lila para que todo sea definitivamente ridículo. Confío en que la Academia de la Lengua Purépecha, que vela por su problemática conservación como lengua indígena, haga valer su legado y haga las legítimas reclamaciones a su homónima española por esta estupidez, a la vez que reclama, al pomposo instituto que la ha patrocinado simplemente un poco de rigor.


Esopo sube al ara


Der teutsch Esopus,
Augsburg (1504)
Dicen los viejos astutos, los grandes falsarios, que es inútil que aguantes el golpe a pie firme, que apoyado en la mesa es donde para defender de tus ideas puedes encontrar mejor postura. El malicioso consejo lleva a mucho incauto a lanzarse al escritorio como quien se tumba en el ara literaria en ofrenda a las sordas musas. Allí acurrucado, el que se cree pájaro, pronto grazna, señala a todos con sus alas negras y remueve los blancos papeles entre sus patas y plumas. Lejos está de imaginar que aquellos viejos zorros, en cuanto role la ventolera, lo tacharán ante el vulgo de funesto chorlito, exhibirán sus tripas como mal augurio y se jactarán de haber acabado con sus graznidos, mientras del ara ya sólo sale humo.

viernes, 17 de junio de 2011

Sobre exámenes



Los alumnos sagaces saben bien que los exámenes reflejan en cierta medida el estilo —las manías, dirán ellos— de quien los formula. El autor de una pregunta es alguien que aún esta pendiente de la respuesta, pero que al formularla hace notar además su importancia dentro de algún cuerpo de conocimiento y su relevancia para servir como instrumento social medida en un ámbito más o menos específico. En cualquier caso, cuando entre otras muchas el autor escoge esa pregunta, de manera indirecta se retrata o se define.

A medida que los exámenes ascienden en rango, los retratos alcanzan a algo más que a personas, y pueden ser reflejo de instituciones completas. No me estoy refiriendo al nivel de organización institucional que delatan pruebas o concursos de corte chapucero, voy más bien a las preguntas que componen esas pruebas y a lo que apuntan sobre el interés educativo de las universidades, los departamentos de educación o el propio estado. Yendo a uno de estos últimos, podemos tomar el que tiene una tradición administrativa unitaria más arraigada, con Francia.

Estos días se han celebrado allí las pruebas de final de Bachillerato. Existen distintas modalidades, orientaciones y asignaturas, pero la filosofía ocupa en todas ellas un lugar central. De los exámenes propuestos para esta disciplina, lo llamativo no era su discutible estructura, sino las cuestiones planteadas para la composición filosófica.

El de orientación económico-social era particularmente significativo. La primera cuestión de las tres en oferta decía:
1. ¿Está la libertad amenazada por la igualdad?
¿Quién no advierte en ella una seria preocupación por la pervivencia y armonía de los valores republicanos? Responder libremente sería dar carta de naturaleza a un conflicto social subyacente en la república. Responder oportunamente equivale a reducir la cuestión a un conflicto de valores filosóficos y evadir el atractivo debate. Sea esta u otra la alternativa, no estoy muy seguro de la fiabilidad de esta cuestión como instrumento de medida, pero no conozco de cerca el bachillerato francés.

Que nadie piense que la segunda opción concedía al candidato un respiro. De hecho apuntaba a otra cuestión de sabrosa enjundia:
2. ¿Es el arte menos necesario que la ciencia?
Aquí retrocedemos un poco en el tiempo, pero damos de lleno en la Ilustración. La cuestión parece sugerir una llamada al estilo discursivo francés, tan amigo de la esgrima argumental como desdeñoso de las definiciones. Suena a Rousseau y a su Discours sur les sciences et les arts, pero llevado al debate de los presupuestos. Ni allí ni aquí queda claro de qué idea de arte o de ciencia hablamos. Nadar en esas aguas inciertas quizá sea útil a los bachilleres, pero saber andar por tierra debería ser necesario.

Visto el tono de las anteriores, la última opción en la que se pedía comentar un texto de Séneca aparecía como un refugio sobrio pero acogedor.


El Plan Benjamin



Espero verlo pronto en la pantalla grande con alguna estrella de relumbrón. Es una historia que nos ha sido contada a ráfagas en los boletines de noticias: aquello de la invasión de Irak y las armas de destrucción masiva. Corría entonces el año 2003. Ahora nos enteramos por la prensa de que un año después de sentar plaza militar llegó el desembarco económico. Los Angeles Times lo contaba así hace unos días: «Autoridades del Pentágono decidieron que un avión gigante Hercules C-130 podría trasladar 2.400 millones de dólares empaquetados en fajos de billetes de 100 dólares. Enviaron un primer avión cargado de dinero, seguido por otros 20 vuelos a Irak en mayo de 2004, en un traspaso de 12.000 millones de dólares en lo que las autoridades estadounidenses creen que ha sido el mayor traslado internacional de dinero de todos los tiempos».

Llegados 7 años después a los actuales tiempos de crisis, aquella riada de apetecibles benjamines (por la efigie del billete de 100) subleva la sensibilidad del contribuyente americano, que esperaba que Bush y Rumsfeld hubieran cerrado con aquel dinero un buen negocio. La factura de su aventura milito-comercial debe rondar actualmente los 61.000 millones de dólares. La oficina creada por el Congreso estadounidense para canalizar aquel dinero de choque no encuentra modo de justificar 6.600 millones de aquellos envíos y se empieza a hablar de robo a gran escala, probablemente porque se ve que no hay negocio. La cosa se desencaja un poco, o se complica del todo, cuando leo un poco más abajo que aquel primer dinero «procedía de las ventas de petróleo iraquí y fue tomado de activos y fondos excedentes iraquíes del programa 'alimentos por petróleo' de las Naciones Unidas», lo que ha dado lugar a la amenaza del gobierno iraquí de demandar a esta gente ante los tribunales internacionales.

Con tantas cifras, el asunto es un poco complejo de llevar a un guión, pero el meollo se ve claro, diáfano incluso. Así que la película llegará, no debemos perder la confianza. Lo del dinero lo veo más dudoso, pero siempre pueden mirar en Kuwait, en Dubai o por allí. No andará lejos, y menos para el largo y fornido brazo de su ley.


jueves, 16 de junio de 2011

Gramáticas celestes


Enea vince Turno, Luca Giordano
Galleria Corsini, Firenze
Ayer de nuevo hubo eclipse de luna. Son acontecimientos que poca emoción pueden suscitar en quienes viven la noche sumergidos en medio de las luces urbanas. Desde ahí es prácticamente imposible ver en el cielo presagios y augurios, y difícilmente se llega a tenerlo por reflejo de nuestras esperanzas y calamidades. Son muchos los poemas que privados de ese soporte se vuelven opacos y algunos los poetas cuya expresión queda desarmada, casi muda. Podría ser el caso de Virgilio y su Eneida. Sus firmamentos me recuerdan a esas claves escondidas en los paisajes de fondo de los retratos. Son espacios donde se puede escuchar y ver, apuntalada por cadencias y gramáticas, la temible llegada del futuro.

Hay pasajes simples: Como aquel en que las falanges argivas, lejos de desaparecer con sus barcos, se aproximan a la confiada Troya «bajo el silencio amigo de la callada luna». La luna, aunque como hoy se oculte, sigue siendo cómplice de la noche, patria a la vez del sueño y de la oscuridad, y nadie sabe del todo en qué mundo entra cuando «en torno a su cabeza vuela una negra noche con su aciaga sombra». En tal caso sólo cabe confiar contemplando cómo «cae la noche y abraza la tierra con sus oscuras alas». Quedaría después, cerrar los ojos y poner la mente a volar.

Hay otros pasajes complejos: La gran batalla se prepara y Juno entrega a Eneas el yelmo y el escudo forjados por el propio Vulcano. Los troyanos parecen resignados al asedio del rútulo Turno, cuando a las playas arriba Eneas al frente de una inmensa flota con sus aliados. Es entonces cuando Virgilio escribe: «Arde la cimera de Eneas sobre su cabeza, el penacho arroja llamas y del áureo escudo brotan grandes relámpagos, no de otra suerte que cuando en una noche serena enrojece el cielo con sangriento y lúgubre resplandor un cometa, o cuando sale el ardiente Sirio, trayendo a los míseros mortales sed y enfermedades, y contristando el cielo con su aciaga luz». El pasaje nace épico y brillante, al amparo de los dioses, y acaba trágico y mortal, al arbitrio de los astros. En lo sucesivo, parecida suerte correrán los héroes, arrebatados al capricho poético del mito para ser entregados a los designios geométricos del relato.


miércoles, 15 de junio de 2011

La ética como etiqueta


En medio de la actual confusión política e ideológica, se echaba a faltar algo de altura filosófica en el debate. A la llamada ha acudido al galope, como no podía ser de otro modo, ese infatigable polemista que hasta jubilado resiste como pensador de guardia de la gente de bien. Quizá para no extraviarse en las ideas, ha querido ser parco, a la vez que claro y contundente, con ese destemple que viene últimamente empleando tan propio del zurriago volteriano. Con su dictamen nuestro Catón ha sentenciado implacable a los disconformes e indignados callejeros como «un hatajo de mastuerzos que quiere imponerse a los representantes de la votación popular y que, por tanto, debían ser desalojados por la policía y nada más». En su opinión nada más hay que entender y ningún otro enfoque merece ser atendido, porque no hay ética a la que uno deba remitirse cuando goza de público devoto y de fácil exabrupto.

Echamos ahora nuestra mirada atrás cuando este hombre, Fernando Fernández-Savater, inició su andadura allá por 1971 con una obra titulada La filosofía tachada. Algo de premonitorio había en la cita con la que abría su prolijo discurso filosófico, donde decía: «Aprendan de mí, que he pasado de la nada a la más absoluta miseria». Eran tiempos de marxismo alternativo, de auge en el sector grouchista, desde el que se fustigaba, para hacer un guiño, a los escolásticos de izquierdas. Ahora finalmente, y con pruebas sobradas y cumplidas, parece haber completado el ciclo anunciado por su maestro Groucho. No es cuestión de valorar su trayectoria como privilegiado exponente del pensamiento oficial español. Y digo oficial, siempre muy oficial, por tratarse de una escritura reconocida y publicitada, siempre al amparo de la versión más ventajista del poder. Y como no se puede rebuscar en sus rigores filosóficos, si tuviéramos que hablar, lo haríamos más bien de su entronque en la tradición filosófica nacional, al afincarse de forma precoz en el viejo anarquismo casticista y verse sistemáticamente aquejado por una muy ensayada pero imposible digestión del nihilismo nietzscheano.

La crítica más lúcida y temprana sobre la aportación de nuestro hombre al panorama filosófico, en el marco de la Transición posfranquista, la ofreció Eduardo Subirats quien, convertido en un apestado para la filosofía oficial, buscó otros aires e imparte actualmente sus cursos entre Nueva York y Berlín. En un ensayo sobre esa época, que tituló Después de la lluvia y que vio la luz en 1993, escribía Subirats sobre Savater, después de retrotraerlo al pensamiento de Unamuno y Maeztu: «En esta no transgresión de los límites del tradicionalismo español bajo el gesto retóricamente realzado de histriónico ilustrado reside la clave del pensamiento de Savater, y una de las llaves secretas de la ambigua transformación democrática y moderna de la sociedad española de los últimos años». Si esto es así —y somos muchos los de esa opinión—, poco debería extrañar que Savater salga al ruedo como valedor de ese diseño de democracia amañada y ramplona, que en las calles hoy se contesta, por el momento pacíficamente.


martes, 14 de junio de 2011

Mínima 43


Aunque digan lo contrario, lo de comerse un marrón no está bien pagado, endosarlos cotiza cien veces más.

Egos trastornados


No hay ego que no intrigue desde su sombra con poses y pruebas de grandeza, todo en su afán de vivir en una nueva dimensión, pero sin exponerse al ridículo ni salir de su reserva. Eso hasta que el ego habla, porque cuando habla, no tiene más estatura, ni más consistencia, de la que le conceden sus palabras. Para ocultar su propio juego de palabras es probable que el ego hable del lenguaje común como de un instrumento ínfimo, imposible y sobre todo ajeno:

No inventé las palabras; de haberlo hecho, la mayoría de la gente hubiera preferido seguir muda.

Tras olvidarse de invenciones, no tardará en volver la mirada a sí mismo para vivir como algo propio la belleza y la variedad de lo que le rodea:

Me gusta mirar cuando no veo enfrente a nadie, sólo entonces creo que la naturaleza consigue reflejarme.

Por muy agradecido que resulte el paisaje de su conciencia, pronto aparecerán las inoportunas figuras y el ego volverá a su sitio:

Sólo soy humilde hasta donde puedo serlo, porque detrás de mí están todos los demás.

De vuelta a su oficio, evitará tropezar con las palabras sencillas y para ello se retratará a sí mismo como un intérprete oracular:

Incluso antes de empuñar la pluma me siento poseído por el hormigueo de las ideas que me llegan.


lunes, 13 de junio de 2011

Romance laxo



El empleo del romance por los angloparlantes siempre ha sido bastante peculiar. La idea que nos hemos ido haciendo el resto de los romanparlantes es que ellos prefieren manejarse con su vocabulario de raíz germánica, tan directo y económico siempre en sus monosílabos. Frente a esa querencia natural, el recurso a las voces romances parece reservado para las ocasiones en que quieren dotar a su discurso de cierta retórica. La posibilidad de disponer de un asidero alternativo, cuyo prestigio entronca con la cultura occidental más clásica, les permite ir revistiendo los conceptos, más o menos nuevos, con las galas propias de aquel pensamiento original.

Algo de verdad hay en esas suposiciones, pero casualmente no allá donde iba el acento. Lo que se puede afirmar es que el discurso clásico se ha acreditado con formas retóricas. En algunas lenguas, esas formas han sido las que han ido educando el oído en un romance estricto, mientras que para el inglés esas formas siempre fueron una opción suplementaria. Sin embargo, sería injusto creer que esa opción del inglés está únicamente propiciada por el oportunismo. Para verlo consideremos desde cada uno de los dos enfoques romances, el estricto y el laxo, un problema importante como la introducción de neologismos.

Entre los estrictos la pesada carga de la tradición es muy severa a la hora de dar crédito a neologismos, aunque su factura romance sea irreprochable. Sin embargo, los ingleses, como representantes del romance laxo, no hacen ascos a voces como «depletar», que les vale sin objeciones como acción inversa a «completar». Para ellos el juego de verbos y proposiciones es una forma cómoda y familiar de nombrar la acción, que es fácilmente trasladable al terreno de los radicales y prefijos preposicionales. Los estrictos, por el contrario, han dejado de ver los prefijos en las palabras para ver sólo palabras enteras y acreditadas. Es así como entre los aprendices estrictos puede llegar a sorprender una relación como la existente entre «inyección», «deyección», «proyección» y «eyección». Salvada la sorpresa y admitida la relación, probablemente aceptarán de mejor grado «preyección», «contrayección» o «conyección», si un concepto lo requiere. Los laxos miran menos a la tradición y están hechos además a tomar los polisílabos más como una conjunción de monosílabos significantes que como mera suma de fonemas. Consecuentemente, admitieron hace siglos «deplete» con la misma naturalidad con que habían recibido «complete», y le adjudicaron de inmediato un significado bastante preciso. No deja de ser paradójico que, sintiéndose los estrictos romanparlantes propietarios y fieles intérpretes del romance, tengan que recibir por boca de los laxos pruebas de que éste es un instrumento todavía flexible, por lo menos en lo tocante a su léxico.


Difusión verdadera


A ciencia cierta es poco lo que se puede decir. Los que tienen un discurso en propiedad, de largo recorrido y frondoso ramaje suelen hablar a ciencia difusa, pero con la inequívoca intención de ser creídos a ciencia cierta.

domingo, 12 de junio de 2011

Todo está en el tablero



Los escudos de los extremos corresponden a dos ayuntamientos navarros, cuyos nombres no vienen al caso. Describen los manuales el primer escudo como Jaqueado de diversos colores, y en el abismo un escusón de plata con una cruz potenzada de gules, mientras que el tercero aparece Jaqueado en plata, con el centro dibujado por un juego de ajedrez con los cuadros blancos y negros. En medio luce la cruz de Jerusalén, que lo es también de la orden del Santo Sepulcro. El asunto no quiere ir de heráldica, pero he preferido poner como punto de partida su altisonante terminología para moverme ahora hacia mi única intención, que no es otra que interpretar libremente esos tres diseños, sin ánimo de cargar sobre los vecinos de esos ayuntamiento las consecuencias de mis peregrinas interpretaciones.

Como en los tres casos aparece la cuadrícula, partimos de un tablero de juego común. En el escudo de la izquierda, el colorido no parece responder a ningún patrón formal, ni tampoco celestial. El jaqueado multicolor se ha hecho con la totalidad del campo visible dando al blasón un carácter risueño y variopinto. Puestos a interpretar, podría reflejar diversidad de opiniones, colores políticos que van del blanco al negro, pasando por el rojo, el azul o el amarillo, congregados todos (o condenados) a compartir un mismo y único cuartel.

Desde luego esta convivencia no es fácil, y menos si del abismo emerge, para ocupar el centro con su propio blasón, una cruz potenzada. Se diría que la vocación de esa aguerrida cruz es abandonar el dominio profundo de las conciencias para dominar a plena luz la colorida variedad de conductas vecinales. Una política expansiva, de cruzada, cuyas previsibles consecuencias quedarían reducidas a dos. En la primera se impondría definitivamente esa cruz en su tono más sanguíneo, arrebatando los colores de la cuadrícula y amenazando con dominarlo todo a través de sus pequeñas réplicas. Semejante escudo sólo puede ser representativo de una falsa concordia vecinal, de una concordia impuesta desde arriba.

La segunda consecuencia puede estar a veces relacionada con la primera. Son casos en que ese dominio totalitario ha desaparecido de la superficie o la convivencia simplemente ha fracasado. Lo que queda a su paso, lo que se acaba imponiendo es una distinción radical entre dos opciones enfrentadas, bueno o malo, sin demasiados matices de opinión, pero con generalizado recelo. La convivencia queda marcada entonces por una sola diferencia, mínima pero decisiva, la que separa odios de concordias, la que enfrenta lo blanco a lo negro. Con sólo dos partidos, cada cual se refugia y encierra en su cuadro, pero vigilante de su vecino.


sábado, 11 de junio de 2011

La inteligencia y nuestra cuota



Todo ha sido caer la inteligencia en manos de los psicometristas y el concepto ha pasado a ser, convertido en cociente intelectual, algo rigurosamente personal y perfectamente cuantificable, algo parecido a una genuina vestimenta mental gracias a la cual se nos otorga rango y con la que se nos identifica y clasifica. Posteriormente, gracias a su reinvención artificial, por medio de la autómatica y la computación, la inteligencia natural ha pasado a percibirse como una competencia más próxima al lenguaje y no como una capacidad medible y estrictamente personal. Eso explica que la gente mejor adaptada al canon que rige en los sistemas de conocimiento dominantes —una cuestión finalmente de inserción social—, marque más altos cocientes. En realidad esos sistemas nunca son del todo neutros y las prioridades sugeridas en la abstracción determinan formas de inteligencia más o menos sesgadas. Por eso me parece pretencioso, si no dañino, que alguien, sin reconocer el respaldo de un cuerpo lingüístico de referencia, es decir sin un respaldo social, pueda considerarse dueño de un cociente de inteligencia en propiedad y a perpetuidad. A la inteligencia, como a tantas otras cosas, debemos encontrarle sitio ampliando poco a poco nuestros estrechos habitáculos conceptuales, pero sin dejar de pagar al lenguaje puntualmente su debida renta, una renta que es básicamente social.

Nota: Si te parece que la solución a la prueba de arriba es Z, estás muy equivocado.

Somos legión


El acto no carece de intimidad, pero se celebra habitualmente al aire libre, en una zona de soleados bancos, en un parque público. Los asistentes dejan ver sus solemnes calvas al despojarse de boinas y gorras. Uno de ellos se adelanta entonces hacia el de más avanzada edad, que parece llevar la voz cantante y se inicia sin más preámbulos el ritual.
—¿Qué es lo que juras?
Que acudiré puntual.
—¿Cual será tu hora?
A las cuatro.
—¿de…?
sí…de la madrugada.
—¿Qué te lleva a la cita?
La apremiante necesidad.
—¿Y si no cumples con ella?
Que me ahogue la marea.
—¿Seguirás después vigilante?
La noche entera..
El juramentado se aproxima entonces al decano, que tras un abrazo fraterno le dedica estas palabras: 

—Bienvenido, compañero de fatigas, acabas de ingresar como miembro de número en la más venerable y numerosa de las cofradías, en la legión prostática. 
En ese momento el nuevo cofrade se adelanta y le impone en la pechera la preciada insignia esmaltada del orinal, e incidentalmente el decano recuerda al resto: 
—Esta asamblea se reanudará y continuará con los nombramientos en unos cinco minutos. Compañeros, aprovechemos.




viernes, 10 de junio de 2011

El castrado y el desengaño


Cuando una voz se muestra poderosa, puede acabar resultando desmedida y tener difícil gobierno. Un fino hilo de aguda voz podrá hacer del quiebro su divisa y sonar como un delicado instrumento, pero ese privilegio se desvanece al agravarse la voz. A medida que se oscurecen los tonos, cobran nuevo relieve los contornos, esos brillos aislados que dan cuerpo a la figura musical. En un aria barroca de escritura tensa, con largos períodos, como Lascia la spina, la mezzosoprano debe manejar recursos similares a los de la soprano, pero debe exhibir también una exigente virtud, la de la contención. A veces resulta más fácil hacer brotar apabullante la voz y conducirla de ahí a las alturas, que apagarla con serenidad, fijando humildemente los silencios sin darse a impostadas agonías.

Algo de esto sucede al reinterpretar las arias de los \textit{castrati}. A falta de continuidad histórica en estas voces, las versiones de sus arias se han prestado a invenciones que no siempre tenían que ver con la música ni la mejoran. Por ejemplo, el aria antes citada, convertida en Lascia ch'io pianga y cantada por la desventurada Almirena en el Rinaldo que Händel estrenó en 1711, ha servido para renovar desde el cine el culto al castrato Farinelli, envolviéndolo con un halo de héroe ambiguo. Sin embargo, la voz de castrato protagonista en esta ópera corresponde a Rinaldo (la estrenó el famoso Nicolino) y obviamente no canta ese aria. Al imponer en la película a la imagen del castrato Farinelli una voz artificialmente mezclada de soprano-contratenor y hacerle cantar ese aria, se completa un extraño y equívoco círculo.


Toda esta componenda tiene mucho de arreglo efectista y oscurece el auténtico brillo de la melodía original. Por eso he acabado por preferir la versión inicial del aria, la Lascia la spina que Händel compuso para su oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno de 1707. Es verdad que aquí el aria es vehículo del consejo moral y no de amorosos, algo que resulta difícil de subrayar con una misma partitura. Así que toca necesariamente a los intérpretes aportar al canto, por encima de la composición, su dosis de hondura o de desolación, por más que muchos sólo lleguen a ofrecer los efectos de rutina.




Lascia la spina, del oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno, G. F. Händel (1707),
Ann Hallenberg (Piacere), mezzosprano,
Le Concert d'Astrée, dir. Emanuelle Haïm.


jueves, 9 de junio de 2011

Los que crecen


«Entenderás la realidad cuando admitas que tanto el crecimiento como el conocimiento no evolucionan de forma lineal sino pendular» me dijo el sabio un día. Vi con claridad a través de esas palabras que no comprendería este mundo sin colgarme de una crecida rama. Así que cogí mi soga y elegí mi árbol antes de someterme a la temible prueba. El sabio solícito mostró especial interés en acompañarme para darme el empujón definitivo. Hechos los preparativos, para que no hubiera errores quiso instruirme en la técnica. Coló su cabeza por el ancho lazo, tomó fuerte impulso y empezó a ir y venir por el vacío mientras me lanzaba intermitentes miradas y se columpiaba divertido entre sonoras carcajadas. Al parar y pasarme la cuerda me comentó «cuando te haces al vaivén te liberas de este mundo, pero lo paradójico es que gracias a verlo como un extraño lo empiezas entender como tuyo».

Dándose cuerda



Pensar que sólo tiran de esa cuerda los teólogos es una tontería. Cuando pasas por allí y ves un campanillo mudo que aún se balancea y de cuyo badajo cuelga una distraída cuerda, tu y cualquiera la agarraría para probar si aquello suena. Realmente para entrar en asuntos celestes no hay que vestir sotana ni vivir parapetado tras los libros, a la luz de las siete velas. El cielo verdadero, el que se adivina con el paso de los días, puede que se vea mejor desde la mesa de una taberna. No habrá conclusiones al estilo libresco, pero con ese fondo todo parecerá animado y auténtico. John Huston dijo en una ocasión: «Prefiero pensar que Dios no está muerto, sólo bebido». Creo que Escocia nunca aceptó del todo que los presbiterianos, sin clara alternativa, acabaran con los venerables monjes que en las cavas de sus abadías elaboraban la más fina de las cervezas. Sus hijos aún claman por ese crimen cuatro siglos después. Son muchos los barcos que de allí partieron y que aún hoy navegan todavía ebrios por aguas del Mar Oscuro. Siguen persiguiendo entre las brumas el navío fantasma, ese que lleva las ánimas camino del norte. Perdido siempre en el oscuro presente, brilla en lo alto de su puente una pequeña campana, la que todos temen oír. Atentos los mareantes la siguen desde el mostrador, como sobre la amura de sus barcos, prestos al abordaje. Será un gran salto, y un buen trago, y hasta quizá despierten tras él como espíritus felices, dueños de su propio mundo. Suena la campana, y el que tira de la cuerda da en voz alta el aviso: «Esta será la última ronda, la definitiva».


miércoles, 8 de junio de 2011

Aquí, bajo la red



En medio de tanta euforia sobre las redes sociales, da apuro ir sembrando inconveniencias, pero pese a la proliferación de redes que nos rodea, no veo que el panorama general se anime con voces libres y autónomas, si acaso contagia una ilusión de ubicuidad en la gente inquieta, y crea en ella una etérea y engañosa sensación de omnisciencia que contrasta con la condena a prisión omnicomunicada en la que las redes atrapan y encierran al resto.

martes, 7 de junio de 2011

Sueño de estatuas


Estatuas mirando a la plaza de San Pedro
Crees escuchar lejano el coro, pero es un clamor de vigilantes estatuas. Si es verdad que te rodean, mejor será que no intentes reconocerlas. Nadie sabe mirar como ellas, con esa terrible y contenida piedad. De este lado sólo eres otro mortal, criatura caduca de fábrica, flexible y ubicua, también sentimental, pero rigurosamente mortal. Bien poco vale tu mirada fugaz, pero quizá un simple parpadeo pudiera arrancarles lágrimas. Atrapadas en el tiempo, las estatuas miran como quien clama. Llorar sería para ellas un sueño: fundidas en un repentino flujo de piedra torrencial, buscarían nuestros emocionados ojos hasta poseernos.

lunes, 6 de junio de 2011

El quinto quinto



Se presenta hoy lo que los chinos denominan el doble quinto, el quinto día del quinto mes de su calendario, y el ascendente masculino entra —eso es lo que prometen— en una fase del año decisiva. Entrar en una fase no suena muy resolutivo, y menos cuando ese ascendente va hacia el apogeo, pero aquí estamos hablando en términos meramente simbólicos. En su calendario lunisolar, los chinos celebran en esa fecha la aproximación del sol a su hegemonía, pero lo valoran de manera bien distinta a la nuestra. Como gente sabia, empiezan por rebajar los ardores colocando el agua de por medio. Si tenemos en cuenta  que, en su mentalidad, la vitalidad surge del perpetuo equilibrio entre dos principios, este sol habría de asociarse a un creciente yang, que revestido como un fiero dragón navega a golpe de remo sobre las mansas aguas del río, hasta quedar retenido por el yin. Con estas refrescantes imágenes se da cuerpo y color al festival Duanwu, que hoy festejan los chinos de todo el mundo. En sus juegos de regatas, en la boga de sus barcas, enmascaradas como dragones, se viene a reflejar el estimulante encuentro anual de los dos principios vitales, y en definitiva la fecundación solar de la tierra. Si ese amor es aún posible, creo que debemos celebrarlo.

Plumas ejemplarizantes


A casi todos los que nacen de mi pluma los apuñalo, a los demás los santifico. Y con esa mansa progenie, yo moralmente me edifico.

domingo, 5 de junio de 2011

Ya llegan


Vengo de allá arriba. Como si de una negra y siniestra nube se tratara, estos últimos días ellas han empezado a infiltrarse desde lo alto de las montañas y a extenderse por aquel sombrío territorio. Cuando esta mañana contemplaba en la lejanía aquellas alturas, veía el azul del cielo constantemente atravesado por compactas y enjambradas multitudes de impertinentes moscas. Se diría que, un año más, pretenden impresionarnos con esa parada celeste y sobrevuelan nuestros dominios más remotos y descuidados antes de invadir sin miramientos nuestros pueblos y ciudades. A su llegada, que vino anunciada ayer por estruendosas tormentas, nada realmente parece haber quedado fuera de su alcance. Nadie sabe a ciencia cierta dónde han encontrado cobijo ni quién se lo ofrece, pero el húmedo y caluroso ambiente actúa como un poderoso estímulo y las levanta a millones desde lo más profundo de los altos y lejanos bosques. En cerradas formaciones las he visto rondar con vuelo insistente, para adentrarse luego a través de los árboles y dar batidas de reconocimiento cada vez más amplias, ante la despreocupada y algo extrañada mirada de los pájaros. Más tarde han descendido a patrullar por las orillas de las charcas y regatas en busca de animales sedientos sin otro fin que hostigarlos, ponerlos en fuga y hacerse con la posesión de sus abrevaderos. Otros grupos, no tan guerreros pero aún más pegajosos que los anteriores, vigilaban desde el aire al asustado y sumiso ganado, justo allí donde se abren espacios y praderas. Sometidos a esa vigilancia suya, tan completa y penetrante, han quedado también todos nuestros caminos, sendas o veredas. Los toman por vías de penetración enemiga, lo que les lleva a perseguir furiosas a los inocentes viandantes. Algunos de los que hemos merodeado hoy por aquellos parajes estamos ahora aquí para contarlo. Esto quiere ser sobre todo un aviso. Un aviso de que esos oscuros ejércitos de moscas se aprestan en las montañas, seguramente a ensanchar sus dominios de cara al verano. Hoy hemos sido sólo observadores domingueros, presa fácil de sus emboscadas, y hemos salido corriendo sin pena ni gloria, mientras movíamos los brazos como aspavientos. Pero ahora sabemos las zonas donde se han hecho fuertes y conocemos los apostaderos donde aguardan para lanzarse sobre el incauto y tantearlo con sus pringosas trompas. No sé si todos somos conscientes de esta temible amenaza, pero urge darles a entender que volveremos allí como dueños. Si logran salir del reducto montañero y esa inmensa legión de aguerridas moscas se extiende por las llanuras y las anchas riberas, nada ni nadie conseguirá desplazarlas. Si ganan también las ciudades, y asedian nuestros entoldados, nuestros reservados, nuestras bodegas, nuestros salones, nos veremos obligados a salir a la batalla para disputar, para decidir definitivamente quién disfrutará este verano de las mejores y más apacibles sombras. Creemos que es posible la victoria, al menos parcial, pero conviene advertir también desde ahora que quienes sobrevivan al incordio aún deberán enfrentarse a otra feroz y sangrienta carga, la de los mosquitos.

sábado, 4 de junio de 2011

Supervivencia y vida


Son poco habituales las menciones al Stevenson ensayista. Por lo menos son raras comparadas con las referidas a sus relatos y cuentos. Sin embargo, el tono de sus ensayos le resultará familiar y directo a cualquiera que haya leído alguno de sus novelas. Con independencia del tema abordado, se advierte pronto su interés, como hombre experimentado y de mundo, en servir de voluntario contrapunto a las cavilaciones de los filósofos, con un discurso más próximo a la anécdota que a las elevadas propuestas metafísicas.

De todos los recogidos en el volumen Virginibus puerisque y otros ensayos, me quedaría con dos, los dedicados a la muerte, Aes triplex, y a la esperanza, El Dorado. No debe de ser casual que aparezcan en ese orden. Diría incluso que se complementan y que el segundo busca renovar el impulso vital en quienes no aceptan una superación de la muerte como la propuesta en el primero. En este, Stevenson viene a afirmar como un hecho, por encima de las definiciones que circulan sobre la vida, «que no amamos más la vida porque estamos muy preocupados de su conservación», y que «no es la vida lo que amamos sino el vivir». En ese amor a la vida es donde Stevenson ve nacer una dinámica vital ajena por completo a esa vida estática, que en los filósofos se asume como una Permanente Posibilidad de Sensación, y que tan inermes nos deja ante la expectativa de nuestra muerte. Pocos han captado como él esa distinción profunda entre el afán de supervivencia y el amor a la vida, porque el instinto natural no parece apreciarla. Para apreciarla uno debe ponerse en camino. Es la andadura el origen de esa dinámica vital que propugna,, una dinámica de encuentros y desencuentros, marcada por la curiosidad y el deseo. Una dinámica sobre la que es aún más explícito en su segundo ensayo, cuando nos dice: «Extraña figura la que hacemos en el camino hacia nuestras quimeras, marchando sin cesar, escatimándonos a nosotros mismos el tiempo para el descanso; infatigables, aventureros, descubridores. Es verdad que nunca hemos de llegar a la meta; es hasta más que probable que ni exista tal meta siquiera».

viernes, 3 de junio de 2011

No hay sabio sin deudas


Lo mejor de la conocida cita del gramático latino del siglo IV Elio Donato, que aún reluce bajo la frente transparente de nuestros académicos y universitarios, es que con ella sobran todas las demás. Como encomienda no la hay mejor para aleccionar a pupilos y meritorios, sabedores de que siguiéndola serán acogidos en el confortable círculo de la complicidad. Una vez en él, tras la lectura de unas páginas y sin pedir más permiso, la mera transcripción al cuaderno de los caudales ajenos los irá haciendo dueños de toda la sabiduría editada y beneficiarios absolutos de sus rentas.

Respecto a su origen, la cita vendría de un comentario de Terencio al Eclesiastés en el que deja caer: «nullum est iam dictum, quod non dictum sit prius» (no se dice nada, que no se haya dicho ya antes). Lo que Elio Donato, según su discípulo Jerónimo de Estridón (al que se tiene por santo), reafirma con una sentencia aún más tajante:
Pereant qui ante nos nostra dixerunt, que vendría más o menos a decir Que desaparezcan quienes antes que nosotros dijeron lo que nosotros.


Coro de doctorandos y doctrinos
Para quienes transitan por los ambientes multimediáticos y estén interesados en otros detalles, añadiré que fue musicada por Galberio Mundomo, ya en el siglo XVI, como un himno. Todavía es interpretado a cuatro voces por los escolares de muchas de nuestras universidades en una ceremonia íntima y solemne de iniciación al estudio. En ella los doctores veteranos, la viva imagen de la sabiduría acreditada, interpretan las voces más graves, acompañados en otros tonos por el resto del colegio doctoral, y con los doctorandos y demás doctrinos como voces solistas. Tras la ceremonia, las futuras citas de reconocimiento de estos iniciados en sus tesis y estudios irán dedicadas exclusivamente a su padrino. Por lo demás, son libres de manejar los saberes del anónimo resto del modo más oportuno.

jueves, 2 de junio de 2011

Arte manga veneciano


Manga marina frente a las costas de Sidney
La sensación de la temporada podría haber sido la instalación que, bajo el sugerente título de Ascension, presentó ayer Anish Kapoor en la Biennale. Una semana antes de la inauguración y sin permiso del autor, un torbellino que podría haber servido de modelo se paseaba ajeno a encuadre artístico, pero no en aguas de Venecia sino en las de Sidney (véase foto). En Venecia todo quería ser algo más conceptual, con la bruma surgiendo vaporosa de un pozo, en una imagen de fuerte carga simbólica —en palabras del catálogo de mano—, para elevarse después como una columna luminosa y solemne hasta lo más alto de la cúpula de la basílica de San Giorgio. Parece que el público, previo pago y fascinado por el escenario, fue desfilando con gran unción por el crucero para contemplar la obra. Allí, sin apenas levantar la vista, lo que pudo ver fue, en palabras de un boquiaberto asistente, algo parecido a un escape de vapor saliendo de un enorme puchero en el que se cociera la pasta. Hubo también quien dijo que de la obra instalada se desprendía tufo a cocina y simbolismo del fino a partes iguales. Por su parte, el crítico de guardia Waldemar Januszczak, un poco decepcionado, se despachaba así ante la prensa internacional: «Lo que debía haber sido grande, firme y erecto es un pequeño fiasco». Así leído, francamente, no sé qué clase de espectáculo esperaba ver este hombre en sagrado.

miércoles, 1 de junio de 2011

Puede que sea verdad


Para gente ávida de verdades, el aforismo y las citas literarias tienen una autoridad lógica tan sólida como reconfortante. No es de extrañar, pues, que esa solicitada autoridad se afirme con aire paternal en sus conciencias. Ha llegado a tal punto el prestigio de su pretendida lógica, que autores y beneficiarios confunden sentencias con tautologías, presentando su parecer como un cuerpo de reglas tercas, de verdades absolutas a las que, sólo en privado reconocen como verdades camaleónicas. Que «dos y dos son cuatro», es algo libre de posible interpretación, pero el imperativo moral nunca ha logrado ofrecer tan categóricos frutos. Revisando la literatura, no se ve aforismo o sentencia alguna, por consistente que parezca, que no disponga de una gatera por donde las pasiones libremente circulan minando esa verdad a la que nos acogíamos confiados y haciendo que de pronto se desmorone.