Todo el mundo sabe que cuando hablas en nombre de todo el mundo no te refieres en realidad a todo el mundo, sino sólo a ti como estatuario molde de fábrica del que han ido saliendo los de tu pequeño mundo.
domingo, 31 de octubre de 2010
No te me sobres
Todo el mundo sabe que cuando hablas en nombre de todo el mundo no te refieres en realidad a todo el mundo, sino sólo a ti como estatuario molde de fábrica del que han ido saliendo los de tu pequeño mundo.
sábado, 30 de octubre de 2010
No somos pájaros, sólo niños
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| Robert Stroud, el hombre de los pájaros de Alcatraz, en una recreación fotográfica como escolar |
Buscas sentir, ¿has aprendido a caer?
Buscas volver, ¿has probado a llorar?
viernes, 29 de octubre de 2010
Jétulo
A Jétulo, por favores recibidos, del cielo dice y de nosotros sus amigos, lo tenemos de túnica corta y recién cristiano. El sostiene que ya catecúmeno viejo. Hoy nos ha recibido como huéspedes en el atrio de su espaciosa villa, en lo que viene a ser su iglesia. Entre un ejército de esclavos arrodillados y contritos, lo hemos reconocido fácilmente. Es él el que se ha adelantado a ofrecernos la paz y pedirnos la voluntad, con gesto elegante y ceremonial, apoyado en las voces de su coro de ángeles humillados. Él mismo nos ha ofrecido además un trozo de pan y un vaso de vino como argumento aperitivo. Acabada la recaudación, Jétulo simplemente nos ha dado la espalda. En su cubículo lo han revestido con toga patricia para plantarse después frente a sus lares y de ahí al patio junto al estanque, donde con ademanes teatrales y la vista extraviada en el cielo, se ha encomendado al único Júpiter misericordioso, para seguir teniendo amigos y que no le lleguen tiempos peores.
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Roma
jueves, 28 de octubre de 2010
Llega el invierno
Es Resurrección Mª Azkue el que recoge, creo que en su Euskalerriaren Yakintza (1935-47), la tonada que en los valles de Baztan e Imotz se cantaba en tal día como hoy:
San Simon eta San Juda San Simon y San Judas
joan zen uda, eta negua heldu da el verano se fue y ha venido el
[invierno
Aparte de los apóstoles que el santoral señala, el día 28 de octubre fija la divisoria entre las dos estaciones del mundo rural vasco, el verano y el invierno. Por su etimología las otras dos (en su versión más común udaberria y udazkena) se tomarían por inicio y prolongación del estío.
Actualmente los ciclos estacionales se rigen estrictamente por el año astronómico, con sus equinoccios y solsticios, pero es difícil que algunas de estas fechas se establecieran con precisión en otras épocas. Los solsticios, más fácilmente reconocibles por la duración del día, sí parecen haber sido sido celebrados desde antiguo, en particular el de verano, con San Juan como día grande. No así los equinoccios, por lo que los inicios de la primavera y del otoño actuales probablemente pasaran desapercibidos. De hecho el ciclo solar queda tan levemente reflejado en el antiguo mundo que no hay constancia de una fecha de comienzo de año.
A este ciclo se sobreimpone con mayor rotundidad el lunar, que actúa como el verdadero regulador de tiempos en la montaña vasca. Podría tomarse como prueba el hecho de que el comienzo del ciclo agrario ha quedado asociado al ciclo lunar en muchos lugares con los festejos de carnaval. Para el paso al invierno existen dos fechas reconocidas, aunque separadas por algo más de un mes, a saber San Miguel y los santos Simón y Judas. El primero representa la figura del gran protector ante la llegada de los meses oscuros, mientras que esta segunda fecha tendría un relieve menos mítico y más cercano al fin del ciclo veraniego en el antiguo calendario lunar.
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calendario
El clásico truco
En una conferencia pronunciada en 1900 bajo el premonitorio título de La desaparición de la literatura, Mark Twain apuntaba con ironía que las obras clásicas son «algo que todo el mundo quiere haber leído y nadie quiere leer». Acuñada como definición de clásico, la cita ha pasado a ser a su vez clásica. El tiempo, siempre al acecho, va interponiendo enmiendas a medida que nuestra idea de lo clásico evoluciona. Hace bien poco el poeta y músico escocés Don Paterson corregía a Twain, viendo en el clásico «un libro que puedes evitar tranquilamente leer, porque nadie va a admitir que tampoco lo ha leído». La hipocresía, que está siempre presente en esto, parece un mal menor si, a falta de conocimiento, existe al menos el reconocimiento de la obra. Este aún sobrevive, aunque un poco esquelético, en quienes consideran clásico «el libro que tiene sección propia en todos los catálogos de citas». Pero en el siguiente paso la cortesía de citar y el adorno erudito desaparece. El libro clásico pasa entonces de ser texto a pretexto espontáneo sobre «eso que te suena de haberlo leído en alguna parte alguna vez, así sin dónde ni cuándo, porque te suena por primera vez».
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miércoles, 27 de octubre de 2010
martes, 26 de octubre de 2010
Ahora va por el amigo
Tras extenderme con tonta filigrana en esto de la amistad, delito sería que me quedara sin palabras ante el amigo Miguel. Y más hoy que le ha sido reparada una pequeña deuda y le ha sido reconocida, siquiera mínimamente, su labor como escritor en estos últimos tiempos oscuros. Que venga ahora yo, premiado con su amistad, a intentar reconocerle con palabras de repertorio me suena un poco ridículo, al margen de que cualquier valoración que llegara a hacer de su obra carecería del equilibrio oportuno. Así que optaré por cambiar de enfoque. Naturalmente que aprecio sus novelas, sus ensayos y todos esos apuntes y reflexiones que al hilo de los días nos va ofreciendo con ese estilo llano y directo, pero aún aprecio más su tesón y su compromiso, sobre todo lo segundo, en tiempos que nada se gana con ello. Después de tantas dentelladas, consuela saber que hay quien le tiene en ese mismo aprecio, pero consuela aún más saber que todo ese reconocimiento va a servir de acicate para echar a andar un montón de proyectos pendientes y para empezar a maquinar otros nuevos.
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amistad
De amicitia, alio modo
Para tener un círculo sólido de amigos y explorar a través de la amistad a la población, hay que manejarse con algunos criterios elementales. Puede que la idea de partida sea tan simple como clasificar la población de manera que que nuestro círculo de amigos quede bien diferenciado de otros círculos similares. Pero el alcance de todas esas distinciones entre círculos depende de la naturaleza de nuestra relación de amistad y del modo en que opera.
Para empezar, mal iremos de amistades si no hacemos valer el famoso criterio de que «los amigos de mis amigos son también mis amigos». Esto extiende nuestro círculo trasladando la amistad de unos a otros de forma transitiva y haciéndonos amistar con personas desconocidas hasta nuclear a nuestro alrededor una pequeña sociedad de amigos. Las resistencias a este criterio transitivo, por parte de cualquier socio, generarán una cobertura de la población más cercana a una clasificación blanda o matizada. En ella algunos individuos mostrarán dobles fidelidades, entrando a participar en más de una sociedad.
En realidad todo ese esfuerzo clasificador sólo será posible si previamente reconocemos entre nosotros un criterio aún más elemental y sencillo, el de correspondencia. Entendemos con él que la amistad debe ser una relación correspondida, que «no se puede ser amigo de alguien, si él no quiere ser amigo mío». Con esta reciprocidad la amistad fluye en la doble dirección y deja de ser una relación desigual, o mejor asimétrica. De romper este criterio viciaríamos la amistad con rangos y jerarquías, e impondríamos dependencias donde se presumía cierta igualdad electiva.
Aunque se da casi por supuesto, hay un último criterio que puede romper cualquier cadena de amistades y trastoca la posibilidad de generar un círculo amistoso. El criterio es esta vez individual y se formularía en los siguientes términos: «Mal puede tener amistades quien no se tiene a sí mismo por amigo». Aquí no se trata tanto de comprender la amistad como de saber trasladarla a los demás. Si en una persona la propiedad de amistar se ahoga, esa persona no puede pertenecer a círculo alguno. El que es enemigo de sí mismo acaba siendo enemigo de todos. Normalmente desarrolla formas de amistad inclasificables, demasiado complicadas, casi siempre poco igualitarias y en las que se tiene por centro a sí mismo.
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Ganar el espacio
Sin aire ciertos organismos viven, sin espacio no. A partir de aquí se abona el equívoco principio de que con más espacio disponible hay más posibilidades de vida, e inmediatamente se colige que también habrá en ella más esperanza y más versatilidad. Con ese patrón, desde hace alrededor de un siglo, los proyectos de vida futura anuncian más calidad y una dosis de complejidad e inteligencia mayor. Los frutos obtenidos en esta segunda vía han sido medrosos, cuando no aberrantes. No es fácil saber en qué sentido progresa la inteligencia, pero ha sido frecuente verla invertida, gracias a la lógica implantada, en batallar para aumentar nuestro espacio vital. Atraídos por la tesis de que en el espacio se decide el dominio de nuestras acciones, hemos acabado confundiendo movilidad y libertad, disponibilidad y deseo, supremacía y vida.
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lunes, 25 de octubre de 2010
Palabras para ti
Incluso dando por buena la intención, es distinto que te hablen, que se dirijan a ti o que te dediquen unas palabras. Cuánto más lo será si no damos la intención por buena, cuando esa dirección y esa dedicatoria no son más que formas retóricas de ganar atención y crédito para un discurso cuyas palabras se adivinan dudosas. Todo resulta aún más irritante cuando con esos oficios se busca hacer buena la intención y que el discurso interesado pase por paternal y didáctico.
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