Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de marzo de 2011

Enigmas modernos


Kryptos (1990), J. Sanborn
Cuartel CIA, Langley (USA).
Los enigmas se suelen inspirar en un equívoco, pero no siempre les acompaña la escandalosa disolución del ponente en su flagrante contradicción. De hecho, lo enigmático puede ser muy cauteloso y deslizarse en un simple adverbio. Viene esto a cuento de la palabra «oficialmente». Como otras similares, esta palabra se lleva en la caja de herramientas lingüísticas para sellar las inconfesables fugas del discurso político. Imaginemos que el titular dice: «Oficialmente el gobierno está en manos de sus ciudadanos». ¿Qué debemos creer?, ¿que está, que no está, o que no hay razones para remover el asunto? La corriente general de pensamiento se acoge a la tercera vía, con lo que no hay solución oficial al enigma. No oficialmente se admite que, allá donde se cuela, el «oficialmente» permite palpar a las claras el curtido pellejo legal bajo el que se oculta el dolorido músculo que mueve el mundo real.

viernes, 25 de marzo de 2011

La verdad del cínico


Diogenes Sinopius, comisario informativo
de la cadena XYZ, relajándose en la sauna
Siempre a la sombra de los hechos, apoyado en su perpetua hipótesis, sospecha, acusa e informa al servicio de sus amables lectores. La verdad aún no le pertenece, y lo dice, como dice también que es patrimonio indisoluble de todos. Si de seguir su pista y de alcanzarla se trata, ningún medio es para él más fiable que el plebiscito publicitario, allá donde el público se pronuncia con su propio sueldo y deja huella de su cotidiana verdad. Esa, y no otra, es la realidad verdadera, la que componemos todos, fruto de nuestros constantes y libres intercambios, de nuestras pérdidas y ganancias, de nuestra evolución consecuente en la diaria lucha con la naturaleza intransigente y despiadada. Cualquier otra vía hacia la verdad sería especulativa, incluso científica quizá, pero en ningún caso más democrática que la abrumadora verdad de la clientela al completo.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Seguidismo



Como los análisis tontos están tan al día, sin ánimo de acertar, pruebo a rascarme un granito cada vez más irritante que me ha ido levantando el espeso y sofocante mundo audiovisual. Constatemos para empezar que cada vez quedan menos espacios sin esa cobertura y que tampoco se observan actitudes numantinas o respuestas violentas en las zonas más castigadas y de mayor exposición a los rebufos mediáticos. No pudiendo paliar los efectos, sacudirnos la mugre o al menos protegernos de todas esas pantallas, todo gira en torno a dos acciones facultativas: ver y quejarnos. Bien es verdad que con esas opciones, en el momento de la verdad, cuando las pantallas lanzan su producto, caben pocas combinaciones.

1. Si no lo ves y te quejas, alguien te dirá que hablas de lo que desconoces, que nada puedes criticar yendo de oídas. Así pues, pecas de ligero, de charlatán, de criticón, y de seguidista.
2. Si lo ves y te quejas, alguien te dirá que ya sabías a lo que ibas, que nadie se apunta a ciegas a pagar por tonterías. Así pues, pecas de manirroto, de bobo, de amargado, y de seguidista.
3. Si lo ves y no te quejas, alguien te dirá que no debes avergonzarte de haber visto un vibrante documento sociológico. Así pues, pecas de insensible, de pusilánime, de vergonzoso, y de seguidista.
4. Si no lo ves y no te quejas, alguien te dirá que te paseas por el limbo, que poco sabes ya de la vida misma. Así pues, pecas de zombi, de asceta, de fatuo, de pirado, por no cumplir con esos medios que te asisten y te informan, y que igual te crees un intelectual, por no ir de seguidista.


sábado, 19 de febrero de 2011

Por cierto



Entre las nuevas tendencias, con las que los tertulianos nos sorprenden en sus conatos argumentales, se dan cada vez más esas incursiones chocarreras que llamamos los «porciertos». Hasta ahora esta gente se contentaba con envolver en palabrería a uno o varios personajes para luego darles el tirón como quien les arranca la pelambre, y hasta el pellejo, con la cera. A esto lo denominaban argumento ad hominem, un clásico entre el repertorio de abusos verbales que empleados para salvar sus carencias lógicas. El «porcierto» les ha procurado un nuevo recurso, una figura lingüística poco especulativa, pero sumamente vistosa y eficaz. Suelen emplearla cuando el argumento de su relato es tan insostenible que tiene visos de decaer. La última vez que lo vi usar, el discurso había adoptado un tono insípido y desabrido. Se afirmaba de una ejecutiva que «nadie le había pedido ese informe de primavera que incluye algunas cifras sobre la crisis del sector agroalimentario, pero con unas conclusiones que no vienen ahora a cuento...». Fue en ese momento justo cuando el discurso hizo un extraño y derivó a «por cierto que apareció ante los medios con un diseño muy poco favorecedor de la firma Matías Cornevole, con unas blondas que la ahogaban, un corpiño más que impropio y una falda tubo de corte cruel de la que sobresalían hacia los zapatos dos sólidas mazas embutidas en recias medias de lana...». De este tipo de figuras lingüísticas dicen sus bien pagados defensores —sin ánimo argumental, y menos aún polémico— que todo son virtudes, o ventajas que viene a ser lo mismo, porque con ellas no se apunta directamente al blanco como en la prosa de ataque, sino que se favorece más bien la distensión y el desmarque. Con estos revoloteos, señalan además los analistas de empaque, se dota al discurso de calidez y colorido, se lleva el punto crítico al terreno de la imagen y se abandonan sin reparo ni remordimientos las trasnochadas y amargas dialécticas.

viernes, 1 de octubre de 2010

Expléndido con k



Indudablemente salir a pantalla es oficio duro. Creo que puedo imaginar la agotadora presión a la que se ven sometidos quienes comparecen ante ella y también los niveles insoportables que a menudo alcanza esa obligación de dar la cara de continuo. Supongo que hay quien mira por ellos para evitar los efectos dañinos de esa tensión continua. Pero al evitar estos efectos mediante el uso indiscriminado de argucias teatrales, como últimamente se viene haciendo, se acaba por transformar el oficio de comunicador en algo cómico. Empiezan a aparecer en pantalla gentes tan sobradas de expresión que además de comunicar confusamente y contagiar escasa convicción, infunden en el espectador una mezcla de perplejidad y extrañeza. El cuadro varía algo entre los que se presentan sentados para ofrecer noticias y aquellos a los que se les condena a merodear bajo los focos con las propuestas que los editores les adelantan. Dando por hecho que estos últimos viven el espectáculo de lleno y que su papel apenas se diferencia del que corresponde a un actor, lo único que cabe deplorar es que estos dramas en pantalla no se declaren como teatrales y que ellos acepten funciones tan extrañas a su vocación escénica.

Por eso me preocupa más el caso de los sentados, que al fin y al cabo adoptan esa pose ritual a fin de dar cierta credibilidad a las noticias. De ellos algunos han optado por dar el noticiero acentuando aquí y allá, de motu proprio o improprio, con la decidida intención de ganarse al espectador por el oído. Queda para los redactores la selección y el orden en las noticias, mientras que ellos cubren su papel impostando la sesión bien sea con la vis irónica o apoyados en muecas chuscas o miradas cómplices. Tanto celo acaban poniendo en su oficio que en ese monólogo gestualizado el mensaje suele acabar reducido a ocasional hilo conductor. Peor les va a quienes carecen de esos recursos faciales e intentan reforzar su escasa credibilidad supliéndolo con técnicas de expresión corporal en la mejor tradición de Stanislavski. Algunos de estos creyendo necesario cargar su mensaje con una plusvalía de emoción, acaban presos de convulsiones y aspavientos, como si nos pidieran auxilio para comunicar su noticia. Tanta implicación emocional hace que veamos con frecuencia noticias de carácter trágico subrayadas por una expresión grotesca, arruinando así el crédito del noticiero y convirtiéndolo en un guiñol tirando a infame.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Voces autorizadas


Ante los rebuznos, lo primero no alarmarse. A pesar de su aspecto, este ganado no ataca de primeras y antes de usar la dentadura la enseña. A la mesa no han venido para escuchar argumentos, no toleran gestos o palabras tranquilizadoras, y si te oyen argumentar, echarán directamente las patas por alto como enfurruñados jacos. El público ve nobles corceles en esta pelea y celebra con entusiasmo el momento en que descargan con furia los cascos y arrasan la mesa. Los agudos observadores que contemplan con vuelo crítico la sesión televisada, recuerdan en ese alarde al caballo de Pavía y alaban en el cuadrúpedo esa facilidad para «decir las verdades como puños».

domingo, 13 de junio de 2010

La poética pradera de San Isidro


Goya, Pradera de S. Isidro (1788), Museo del Prado, Madrid

Una foto nos presenta a la primera hornada de poetas del siglo XXI tendidos en el pasto, como de merienda. Ser poeta en El Pais es distinto que ser poeta en un país cualquiera. Aquí el recién llegado posa con ropa de marca y bien puede decir que ya ha llegado a la pasarela. Mimado atrezzo, foto de firma, reportaje dominguero, periódico de amplia tirada y seguramente catering surtido. Pese a venir convocados por curiosos, eclécticos y ambiciosos, caben todos juntos en la misma gallera. «Aman el placer y escupen contra el mundo a partes iguales» sentencia el cronista. Me pregunto qué escupen los que logran alternar con el placer su desahogo, ¿espuma, tabaco, zumo de limón o flujos bien especiados? Esperemos al menos que no se manchen ese traje prestado. Yo no hubiera dejado mi foto a ese plumilla y menos un poema en consigna. Pero lo entiendo, a nadie le interesa esperar al siglo próximo.

jueves, 10 de junio de 2010

Derroche de imaginería


En la aldea global los tiempos corren arrastrados por las imágenes, dejando a la palabra tareas de subrayado y énfasis, a fin de adecuar los tonos de urgencia, desenfado o culto. Escondidos entre fotos, tablas, anuncios, vídeos y gráficas, a pie de imagen, los textos empiezan a ser vistos como fastidiosos pretextos.

sábado, 5 de junio de 2010

Conocimiento de pago


Hay un lema tan extendido como mal aceptado que nos invita a callar sobre aquello que desconocemos. Es cierto que una ojeada a los medios de comunicación basta para comprobar su escaso seguimiento como norma. Las excepciones, de hecho, son tan numerosas que cabe sospechar tanto de su oportunidad como de su sabiduría. Probablemente el problema es que elevado el lema a categoría de regla tiene difícil aplicación. Se nos pide que callemos en la medida en que desconozcamos, pero mientras que el conocimiento (o desconocimiento) es casi siempre parcial y relativo, el silencio que se nos exige es algo absoluto. Por decirlo en términos más propios de la física: esas dos magnitudes, conocimiento y silencio, no se expresan en el lema con proporcionalidad, ni directa ni inversa. Ahora bien, el conocimiento no sólo es relativo, sino que existe una percepción subjetiva de lo que conocemos y junto al volumen de lo conocido existe un modo de conocer. Es distinto lo que conocemos de lo que creemos que conocemos. Así que, ¿cómo impedir hablar a quien cree que sabe, por poco que sea? Cierta empatía, en otros la cristiana misericordia, obliga aquí a escuchar. Otra cosa es el caso de quien se prodiga en los medios de pago presentando como docta su enseñanza frente a la vulgar opinión. En tal caso, de no ser tan docta como quiere hacer creer --y tratándose de conocimiento eso sería comprobable-- se hará evidente su intención de estafar y manifiesto su desprecio hacia el público. La presencia de pruebas concluyentes obliga a ser categórico, a hablar o a callar. Estando en esas, el que carece de conocimiento no tendrá otra que relativizar su discurso con argucias. Quizá le oigamos trucos verbales como «si decimos que conocemos, sólo decimos y no necesariamente conocemos». Como contrapunto a esa defensa sibilina, es posible tirar del guión del lema, aunque yendo un poco más allá. En vez de invitarle a un silencio, que dañaría irreparablemente su derecho y su prestigio palabrero, le quitaremos el tornavoz y lo bajaremos del púlpito, para que contraste a pie llano con los demás, con todos, su humilde opinión.

sábado, 29 de mayo de 2010

Moisés enseña el juguete


Son portada hoy de varios periódicos imágenes de la venta en España de los primeros Ipad de Apple. Sorprende un poco todo ese estrépito informativo, cuando a otros asuntos innovadores como la vacuna de la malaria, por ejemplo, no les acompaña, o directamente se les niega, tal promoción. La historia de ciertos robots empieza a ser una boba historia de amor, a la que seguirá de seguro una secuela de amarga frustración al no verse el pagano usuario correspondido en la medida del entusiasmo desplegado, y que culminará necesariamente con una fase destructiva. En algunos sobrevendrá un melancólico rechazo, que puede llevarles en su desolación a virar de forma radical de la solución Apple Corp. a la más económica de Papel & Lápiz, mientras que con otros, en los que el odio se cebe, asistiremos a golpes, estragos, despieces o el socorrido aplastamiento como fórmula ritual de desahogo frente a los abusos y la mofa de la máquina. Nada nuevo.

Moises Jobs y su tabla para una nueva era

Los medios cazarán con seguridad al primer propietario de un Ipad, que exultante se dirigirá a las cámaras para hacer saber al mundo que «como en New York (sic) se había agotado el stock y llevaba medio año sin dormir esperando hacerme con el invento, decidí hace tres días montar cola ante la puerta de los almacenes para hacerme con el primero que se vendiera en España». Suelen llamar a esto reportaje de calle o contextualización social de la noticia y sirve de lanzadera para mover el mercado. Otro recurso un poco más selectivo, pero con el mismo fin lanzador, consiste en distribuir unos cuantos artilugios entre gentes «del arte y la cultura» para que los «testeen» sin testigos, a solas. La propuesta puede parecer hasta obscena, pero casi siempre finaliza con la salida a los medios del elegido, entregado a cantar virtudes, aunque en privado quizá no haya dado ni con la tecla de encendido. Con esa fe se presentan radiantes como los profetas de la nueva era, luciendo en una mano su contrato de oráculo y con la otra apretando la tabla contra su pecho como el mismísimo Moisés. Para no dejar nada en el aire, estos afirman también que tras su retiro han avistado la tierra prometida.


martes, 11 de mayo de 2010

Mínima 11


Dar noticias es fácil, darles interés es deseable, darles peso es factible, darles coherencia es posible, darles verosimilitud parece demasiado largo.