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sábado, 25 de junio de 2011

Un año después


Hace un año aproximadamente se reunían en el corazón de África, en la ciudad chadiana de N'Djaména los mandatarios de los once países que de costa a costa administran las tierras desérticas del Sahara y las semiáridas de su frontera sur, el Sahel. La reunión pretendía dar impulso operativo a un proyecto de larga gestación y de tremenda importancia para África, la Gran Muralla Verde. Probablemente se trata de la iniciativa de intervención ecológica más ambiciosa de las que se hayan puesto en marcha, en África y en el mundo.

Se trata de acondicionar un corredor vegetal que discurra desde Senegal en el Atlántico a Djibouti en el mar Rojo, con un longitud de unos 7.700 Km y una superficie de unos 12 millones de hectáreas. Se espera que, una vez consolidada, esta franja natural de unos 15 Km de anchura actúe como una frontera resistente al avance del desierto. La zona debería albergar especies vegetales y animales bien adaptadas a la sequedad ambiental, pero también de interés económico.

Con ese fin se irán creando nuevas plantaciones de bosques de especies autóctonas para apoyar y mejorar la vegetación ya existente. Se pretende igualmente crear zonas de pastoreo, parques y reservas naturales, así como corredores de intercomunicación para la población. En esta columna vertebral se integrará una red para la retención de aguas y áreas de producción frutícola. En la gestión se intentará involucrar a las poblaciones locales, a productores privados y a las administraciones forestales.

Aunque es pronto para hacer balance, parece que tras el primer año los resultados son esperanzadores y los primeros objetivos se van cumpliendo. La memoria del proyecto alerta en su último punto sobre los riesgos que se ciernen sobre él, y los admite de tres órdenes distintos: la ausencia de voluntad de los países, la insuficiencia de la financiación y la situación de inestabilidad política o de seguridad.

Para más información: http://www.grandemurailleverte.org


viernes, 17 de junio de 2011

El Plan Benjamin



Espero verlo pronto en la pantalla grande con alguna estrella de relumbrón. Es una historia que nos ha sido contada a ráfagas en los boletines de noticias: aquello de la invasión de Irak y las armas de destrucción masiva. Corría entonces el año 2003. Ahora nos enteramos por la prensa de que un año después de sentar plaza militar llegó el desembarco económico. Los Angeles Times lo contaba así hace unos días: «Autoridades del Pentágono decidieron que un avión gigante Hercules C-130 podría trasladar 2.400 millones de dólares empaquetados en fajos de billetes de 100 dólares. Enviaron un primer avión cargado de dinero, seguido por otros 20 vuelos a Irak en mayo de 2004, en un traspaso de 12.000 millones de dólares en lo que las autoridades estadounidenses creen que ha sido el mayor traslado internacional de dinero de todos los tiempos».

Llegados 7 años después a los actuales tiempos de crisis, aquella riada de apetecibles benjamines (por la efigie del billete de 100) subleva la sensibilidad del contribuyente americano, que esperaba que Bush y Rumsfeld hubieran cerrado con aquel dinero un buen negocio. La factura de su aventura milito-comercial debe rondar actualmente los 61.000 millones de dólares. La oficina creada por el Congreso estadounidense para canalizar aquel dinero de choque no encuentra modo de justificar 6.600 millones de aquellos envíos y se empieza a hablar de robo a gran escala, probablemente porque se ve que no hay negocio. La cosa se desencaja un poco, o se complica del todo, cuando leo un poco más abajo que aquel primer dinero «procedía de las ventas de petróleo iraquí y fue tomado de activos y fondos excedentes iraquíes del programa 'alimentos por petróleo' de las Naciones Unidas», lo que ha dado lugar a la amenaza del gobierno iraquí de demandar a esta gente ante los tribunales internacionales.

Con tantas cifras, el asunto es un poco complejo de llevar a un guión, pero el meollo se ve claro, diáfano incluso. Así que la película llegará, no debemos perder la confianza. Lo del dinero lo veo más dudoso, pero siempre pueden mirar en Kuwait, en Dubai o por allí. No andará lejos, y menos para el largo y fornido brazo de su ley.


jueves, 24 de marzo de 2011

Donde hay confianza...



En esta época con tecnología de avanzada en que la transparencia obligada y general ha trillado la intimidad personal para hacer de ella tierra baldía y llana. En esta época en que para cualquier asomo, sospecha o hipótesis que rodee a un individuo se obtiene una cascada de evidencias palmarias, de datos contrastados y de pruebas fehacientes. En esta época en que la lógica del poder puede ser a la vez conspicua, perspicua, transpicua e inspicua con grados de convicción y coacción regulables mediante técnicas de control robusto y remoto. Pues bien, por raro que parezca, en esta época no hay otro valor de respeto formal que la confianza. Que un valor personal por naturaleza acabe determinando posiciones en un mundo tan global, sólo se explica teniendo en cuenta el potencial intimidador de su negación. En esa negación de lo personal aparece como contravalor universal la desconfianza, que sirve a los estrategas de los poderes económico y político como instrumento de amenaza. Ejemplos bien recientes no nos faltan. Necesitamos más transparencia, nos dicen, de lo contrario no habrá suficiente confianza. Pero lo cierto es que en la lógica de esa negación ilimitada, en la lógica de la desconfianza, la transparencia nunca bastará como garantía personal de confianza. Como individuos convendría que  empezáramos a preguntarnos hasta qué punto necesitamos de su confianza, o de su desconfianza.

martes, 14 de diciembre de 2010

Todos para uno


Tomado de apuntesgestion.com
El aterrizaje de la jerga económica en eso que llaman desarrollo o crecimiento personal no sólo provoca cierta confusión, sino que conduce a malintencionados equívocos. No dudo de que la jerga tenga su sentido a la hora de «anclar emocionalmente» a gerentes e implicarlos en los planes previstos para la institución que mueven, pero entre la resignada comparsa no creo que mejore el ya de por sí complicado equilibrio personal, y mucho menos las aspiraciones a la felicidad o al sosiego emocional.

Cuando uno analiza los llamamientos con expresiones tales como cumplir programas, colmar expectativas, alcanzar objetivos, afrontar retos o socializar afanes, pronto descubre cómo ese encuadre ejecutivo se desliza invasivamente en la órbita personal, de la que se reclaman acciones, cuyo logro, fijado en techos numéricos, apenas entiende de referencias sociales y cuyas exigencias suponen al individuo así «recrecido» la progresiva pérdida de las personales.

Uno de los argumentos que muestra con más claridad el avance y la intimidación ejercida a través de ese tipo de programas de rendimiento laboral, disfrazados de crecimiento personal, es la facilidad con que sentencias tan malévolas como «nos has decepcionado, esto no es lo que esperábamos de ti» trasladan al ámbito de lo personal los resultados de la empresa. Además del mayestático «nos» que convierte al juez en un actor tan decisivo como inidentificable, se coloca ese extraño «lo que esperábamos de ti» en un lugar lo bastante inaccesible como para resultar culpable y como para que te sientas culpable.


martes, 23 de noviembre de 2010

Atizando las brasas




Los que viven de ello dicen que en economía se alcanzan las más altas cotas de complejidad problemática, así que tras proponerse como paladines frente al dragón, le han puesto a sus pesquisas un nombre sugerente: análisis multifactorial. Muy creativo como rótulo, pero de resultados, según vamos viendo, escasamente alentadores. Y es que son muchos últimamente los temas que se nos van quedando sobre la mesa sin la adecuada «factorización». Entre otras razones, porque habría que proseguir el «pelado» del problema y la descomposición en factores, atendiendo a la psicología humana, tema este que les queda fuera de cuadro.

A ver, listos, y digo listos más que preparados, ¿de qué va la especulación? Respuesta: Es un fruto más en el ejercicio de la libertad, sin él no hay empresa, peor no hay mercado, o sea las cavernas. Pero la cosa es si ese fruto es benigno o maligno, y no ese «incuestionable» valor contante y sonante de lo que se supone que acarrea. A ver, no es más cierto que se trata de un juego de dominación poco diáfano y ventajista, en que el tahúr deja desplumado al codicioso membrillo. Lo que queda mal a deshoras, sobre el tapete verde y oculto en una nube de humo, tiene fuerza de ley a plena luz y en el parqué: tu compras, yo gano; tu vendes, yo gano. «No, qué va, no gano siempre» me dice el del lápiz tras la oreja. «Al final es la suerte, la intuición y el conocimiento del medio» insiste, «es la selva, la supervivencia, una versión de la vida misma». Humano, pues, concluyo.

Pues bien, desde lo humano, a donde habíamos llegado, creíamos haber puesto solidariamente a cubierto de esta tropa silvestre a todos los que están fuera de juego, gentes cuya capacidad productiva, y en definitiva cuyo valor de cambio, queda por debajo de lo que consideran tolerable, vamos, que no valen nada. Ahora frente a los Estados el lema con el que la jauría arremete parece ser «no debe haber dinero inútil», que es tanto como decir «ningún dinero para los inútiles». Hay paradojas de verdad crueles. Parte del dinero con el que se empuja, o se puja, en ese juego de ruleta y poder tiene a pensionistas como titulares. Buscando seguridad en su declive o en su zozobra personal, imponen su capital más o menos modesto, pero útil, tras pantallas opacas, y a continuación se refugian en la inocencia del ciego. Temprano o tarde dejarán de contar monedas alelados por la brisa marina, porque alguien pasará a cobrarles. El miedo parece libre, pero analizando a fondo ese «factor humano» pronto se adivina inducido. En la hora de la crisis, el oportunista sigue a sus oportunidades, los demás no saldremos adelante sin conservar y poner a prueba nuestra capacidad para repensarla, nuestra capacidad crítica.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Oración


Decide Mercado, decide tú
que sabes quién y hasta dónde
merece tener recompensa.
Decide Mercado, decide tú
que sabes llevar a bien
el oscuro oficio del dinero.
Decide tú, por todos nosotros,
en anónima sociedad, dónde
está el beneficio primero.
Decide tú, decide como destino
para mis humildes ahorros,
donde más renta se genera.
Decide Mercado, decide tú
que lo bueno parezca lo justo,
y que lo justo llene mi cartera.


miércoles, 28 de julio de 2010

Orden vital


La relación de orden formal que el dinero pueda establecer es menos importante y más llevadera que la relación personal de subordinación que sugiere a los integrantes del cuerpo social. Es importante, sin embargo, recordar que como valor de cambio vital el dinero no deja de ser un artículo de fe, que esa amenaza de sumisión sólo prosperará si es aceptada, y sobre todo que, por azarosa que sea, hay vida más allá del mercado.

lunes, 28 de junio de 2010

La última víctima del retruécano


La ciudad ha pasado de ser un mercado de productos a ser un producto de mercado. Sabíamos que las ciudades nacieron en los mercados, que el comercio generó un estilo cultural propio y que esa forma de expresarse acabó alcanzando difusión universal. La deuda contraída por la cultura con esos espacios de intercambios y transacciones es grande, pero es ahora, al renovarse el concepto de ciudad, cuando asistimos estupefactos a un replanteamiento que recupera aquellas bases y deja las ciudades al desnudo para que cada una ejerza en competencia con sus vecinas su peculiar seducción.

Ya no son la planificación del territorio y el urbanismo, ni la concentración de los servicios de bienestar social, los grandes impulsores de las nuevas ciudades. Estos serían, a lo sumo, los nuevos instrumentos de ejecución de su traza o de creación de su red de contacto y asistencia. Les impulsa la determinación de promocionarse con una imagen de marca para poder concurrir al mercado turístico, empresarial y financiero.

En definitiva, ya sabíamos de la deuda, ya sabíamos que como habitantes somos depositarios de ella, que como cuerpo social nos debemos a la ciudad. Bueno, pues ha llegado la hora de pagar, y la moneda internacional en curso es el ridículo colectivo y sin paliativos, multiplicándonos como actores frente a nuestro escenario de época, frente a ese encuadre dominante -por militar y conventual- que tanto nos ahoga, pero que a ojos del visitante da a nuestras expresiones una amargura sumamente atractiva y singular.


La imagen anterior, con la plaza de Lucca en la Toscana, es buena muestra de la evolución de la ciudad: de anfiteatro pasó a mercado y hoy ese mismo espacio vuelve a servir como escenario de la autorrepresentación ciudadana y de su sublimación final en producto comercial. Este es el destino general, según sentencia dictada por nuestros visionarios. Uno de ellos, Alfonso Segura, lo veía así hace poco en la revista Infonomía:

«Las ciudades dejan de ser aglomeraciones de personas con un mercado que nutre la actividad de éstas y pasan a ser una marca más en el sistema económico global. Las urbes buscan atraer nuevo capital, y al igual que las multinacionales, deciden lanzarse a la aventura global: la internacionalización. (..) Los eventos culturales o deportivos, incluso los equipos de fútbol, llevan como logo publicitario el nombre de una ciudad. (..) Las ciudades no compiten sólo en cantidad-calidad (tangible); van más allá para sensibilizar al “potencial cliente”. (..) Cada ciudad busca ofrecer un valor especial que enamore al visitante». 



La verdad es que puestos a enamorar no sé hasta dónde podemos llegar. Por ahí, Alfonso, a lo mejor nos pierdes...

jueves, 6 de mayo de 2010

Informe financiero


La mala fortuna puede hacer de la ventura desventura, la mala idea puede dejar lo cubierto al descubierto, la mala fe puede hacer su avío con los desvíos, pero en cuanto llegan los buenos oficios, todos estos despropósitos pasan a informe público como el más logrado de los  propósitos.