Largo fías tu vuelo, Aventino, con tal de no volver a tu nido, tan falto de apoyo y ramaje allá por las alturas perdido. Nadie sabe cuándo vendrá el alba, ni por dónde entrará el día a esa noche que nada augura. Ándate listo a las luces y muévete al primer canto, no vayas a verte cogido de palomo entre tanta paloma, por el gallo de cresta oscura.
lunes, 28 de febrero de 2011
El ave noctámbula
Largo fías tu vuelo, Aventino, con tal de no volver a tu nido, tan falto de apoyo y ramaje allá por las alturas perdido. Nadie sabe cuándo vendrá el alba, ni por dónde entrará el día a esa noche que nada augura. Ándate listo a las luces y muévete al primer canto, no vayas a verte cogido de palomo entre tanta paloma, por el gallo de cresta oscura.
domingo, 27 de febrero de 2011
Derechos hasta el fin
Dice Arthur Schnitzler en uno de sus aforismos: «Sólo la dirección es realidad, el fin es siempre ficción, incluso una vez alcanzado —sobre todo en este caso». Sin duda la asunción del fin es siempre engañosa, pero tampoco parece que la dirección sea realidad espontánea. Sabemos que existe la realidad dirigida, en proporciones variables. Pero hemos visto además que, cuando el fin al que esa realidad apunta lo encarna un visionario real, puede llegar a abarcar la realidad entera. Sometida a esa única dirección también la realidad pasa a ser mera ficción.
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La imagen resentida
El problema surge cuando quien se sentía un monstruo empieza a verse como monstruo y no consigue ver que su monstruosidad no es el problema, que el verdadero problema está en confundir en su fuero interno ver con sentir.
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sábado, 26 de febrero de 2011
El arte de fatigar jornadas
Las normas que uno se da a sí mismo siempre parecen llenas de buen sentido, aunque con el tiempo pequen de indulgencia y todo el buen sentido quede reducido a buena fe. Es normal que nos dejemos llevar por ese amañado guión, y más si nos eleva el espíritu. Con esa ingenuidad, con esa ligereza, acabamos volando muy alto y hay quien con ella llega a ver mundo. Todo adquiere, si la altura es la adecuada, proporciones generales, así que no faltan visionarios que desde allí se sienten en el secreto de un arte. Metidos a artistas estos ingenuos emplean toda su arrogancia en enseñarnos a vivir, queriendo hacer vivir en vida ajena lo que desconocen de sí. Demasiada necesidad de por medio, como para no resultar sospechoso. De existir algo parecido a un arte de vivir, no creo que nos venga de otro, seguramente será un arte íntimo y puede que un arte sencillo. De concretarse en algo sólo podría hacerlo en el paso de los días, como el arte de quien gobierna un flujo. Un flujo bien conocido, un flujo que hemos visto siempre pasar, compuesto de días felices, aciagos o anodinos, alineados en una larga cadencia de tiempos monótonos, sucesivos, indeterminados pero en definitiva finitos. El sentir, que es obligado en todos nosotros, nos ha enseñado lo primero a contarlos, después a distinguir entre la mañana y la tarde, y más tarde a retener con firmeza algunos momentos fugaces. Dando esto por aprendido, poca renta parece como para llamar arte al intento de eludir la fuerza de esa corriente. Con arte o sin él nadie debería renegar de ese paisaje fugitivo. Si uno no logra amarrar lo cotidiano, al menos debería intentar hacer valer su futuro con palabras, por escrito. Es como si al escribir, lo futuro y lo cotidiano acabaran fundiéndose en uno. Todo antes que verse arrastrado hacia esa corriente silenciosa en la que, además de arriesgar su lucidez, se iría con la huella de cada día la emoción depositada en él.
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viernes, 25 de febrero de 2011
Con la música en juego
En este reparto entran en juego tres músicos, aunque cada uno aparecerá dentro de este enredo con un papel bien distinto. Asignaremos en primer lugar el papel del iniciador al napolitano Domenico Scarlatti, como lanzador de un juguete melódico que nos servirá de referencia musical. Carecemos de su versión al clavecín, pero alguna pista de su intención tenemos en los alegres estallidos y los galopes saltarines que suenan en la partitura como ecos de una fiesta mayor. No sé si con este tipo de partituras se inició un estilo nuevo, o si el barroco norteño encontró aquí su contrapunto más diáfano. Lo menos que puede decirse es que la sonata y los teclados —en particular el clavicordio— recibieron un formidable impulso con las colecciones de ejercicios y tientos que Scarlatti puso en circulación como prueba de la versatilidad del instrumento.
La autoridad musical de Haydn y Mozart hizo que la sonata se consolidara con el piano como instrumento y que con él entrara en las agitadas aguas del romanticismo. El aprecio de algunos románticos por Bach, y por el propio Scarlatti, animó a dar versión de su obra en el piano. Y hubo que esperar a los albores del siglo XX para verlas restituidas a su instrumento original. Sólo alguien poseedor de una autoridad musical indiscutible podría haber promovido ese retorno. Wanda Landowska unía a esa condición una sólida reputación como pianista. No obstante, supo renunciar al toque romántico para devolverles las sonoridades propias del viejo instrumento. Scarlatti, del que grabó numerosas sonatas, fue para ella piedra de toque. Es posible que alcanzara su mayor dominio interpretativo en sus grabaciones de París a finales de los 30. Una de ellas siempre me ha cautivado, se trata de la sonata en mi mayor, la 20 del catálogo de Kirkpatrick.
| Firma de Wanda Landowska |
Sonata en mi mayor, K 20, D. Scarlatti,
Wanda Landowska, clavicordio Pleyel, EMI - France (1947).
Capriccio de Dos piezas de Scarlatti, Op.17 (1928), D. Shostakovich,
Transcripción para grupo de viento de la sonata K 20, Soloists Ensemble,
BMG/Melodiya.
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jueves, 24 de febrero de 2011
El nebuloso
| Nébuleux étalant ses parures |
Si uno se asoma a las páginas ilustradas de la Histoire des oiseaux de paradis et des rolliers (1801-06) —un ejemplo entre otros muchos— se encontrará con la colección de láminas elaborada por Jacques Barraband como apoyo gráfico al texto sobre aves del paraíso del naturalista François Levaillant. La elegancia y la delicadeza del trazo es una constante a lo largo de toda la obra, pero hay además casos (recuerdo los tucanes y los barbudos) en que el colorido es intenso, casi desbordante. De entre todos ellos quería escoger una ilustración que por un lado reuniera todos los matices del oficio y por otro reflejara el espíritu de la época. He creído encontrarla en la que representa al Nébuleux, y que Barraband titula Nébuleux étalant ses parures (Nebuloso extendiendo sus galas). Ya en su nombre lleva implícita este ave de Papua Nueva Guinea parte de su poesía, hay también en su postura algo de reto seductor, algo parecido a un gesto de ballet, y está luego ese delicado plumaje rematado con una rúbrica donde se refleja el esmero de un calígrafo.
-Otras planchas de la obra pueden verse en la web de Audobon House. Gallery of Natural History
miércoles, 23 de febrero de 2011
La escritura bien templada
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| Órgano de la Catedral de Pamplona |
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Traigo recuerdos de Adorno
Aquella dialéctica de la ilustración de la que hablaron Adorno y Horkheimer bien podría reducirse a lo siguiente: El camino hacia la razón nos ha hecho más libres, pero si para recrear esa libertad obligas al otro a entrar en razón no esperes que en este regreso de la ilustración se exprese como un hombre libre.
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martes, 22 de febrero de 2011
La prenda
Aunque serio en su semblante, Félix Artieda, carpintero y enterrador en un recóndito pueblo del Pirineo, se mostró entero y para el caso resignado a su suerte. Frente a los restos humeantes de su carpintería alguien le preguntó si aún tenía ánimos para afrontar tamaña adversidad. «Todo es tan reciente..., en cuanto vuelva a sentir algo me parecerá como si me pusieran bálsamo. Ahora toca arreglar esto y a ver si en el futuro hay alivio», así decía mientras por la puerta se entreveía el interior devastado. «Da gracias, peor pudo haber sido. Por lo menos sigues vivo» le apuntó su vecino Julián husmeando por la puerta. «Ni la suerte ni la muerte me querían ahí dentro. En cambio mira ese ataúd, era el mío, dos años de trabajo y recién acabado. Míralo ahora, como si la muerte a su paso se lo hubiera quedado en prenda» respondió señalando a un montón de tablas renegridas. Para acabar levantó el brazo hacia lo alto y añadió: «Para allá se ha ido, con el humo. Ya pueden esperar, ni pienso hacer otro ni pienso subir a por él».
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