sábado, 4 de septiembre de 2010

Moralina intravenosa


Dibujo de Milo Manara homenajeando
la Isla de los muertos de Arnold Böcklin (1883)
Los venenos te abren ventanas, nunca puertas. Entre vapores, inyecciones y elixires siempre serás un cautivo con privilegiadas vistas. Desde ahí tendrás a mano las amables colinas de Arcadia y más arriba los ásperos bosques de Dodona. Avistarás también la isla de San Brandan frente a las costas de Mauritania. Y si miras al cielo, verás la orla de las Miríadas cernirse sobre la oscura puerta de Tannhäuser. Por ver verás hasta tu propio crepúsculo, cuando ahogado por las llamas te hundas en aguas placenteras. Ahí ya navegarás libre y nada te retendrá. No te atraparán con cenefa de flores ni te refugiarás manso a labrar la tierra. No habrá aromas ni caricias, no habrá para ti sueño. Nadie se acordará de tu fugitivo cuerpo. Risas y cantos serán acuáticos murmullos, que unidos al eco de tu tormenta te servirán de cortejo perpetuo.

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