sábado, 23 de julio de 2011

Su eco en la red



No estoy seguro de que la oposición entre apocalípticos e integrados arroje luz en la actual fase de la cultura de masas, una fase caracterizada por la implicación de las redes informáticas. Umberto Eco actuó en su día con un doble foco. Las artes que centraron su atención fueron el cine y el comic, por ser aquellas en las que mejor se apreciaba la ruptura con el pasado. El principio que marcó el signo de los nuevos tiempos fue la difusión general e industrial de la cultura, particularmente en esas dos ramas artísticas. Creo que la diferencia entre la difusión en red y la industrial no es una cuestión de grado, sino de otro orden. Creo que hay una marcada diferencia entre Superman y el Neo de la saga Matrix.

La perplejidad ante la nueva situación ha llevado a algunos a adoptar la mirada del Jano bifronte, ora como integrados ora como apocalípticos. La mirada del integrado sigue el curso fácil de lo tecnológico y apunta fascinada a la progresiva creación de una conciencia global a través de las redes. Desde esta perspectiva el integrado, leía en el blog de Berto Romero, «intuye mareas de pensamiento, flujos de opinión y fantasea con la construcción de una mente-colmena que potencie el cerebro humano hasta límites insospechados» y que incluso guíe la Gaia postulada por James Lovelock a un horizonte de autosuficiencia y omnisciencia dichosas. Por contra, bajo su mirada como apocalíptico todo aparece difuso tras una máscara un tanto levítica, que pide a gritos arrepentimiento y retorno a una fe artística en vías de desaparición. Aquella oposición que sirvió de base al análisis de Eco queda, pese al intento de equidistancia de Romero, convertida en un instrumento demasiado asimétrico y caricaturesco, necesitado de profunda revisión.


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